La reina Margarita de Dinamarca atraviesa por momentos muy duros. No ha podido disfrutar de los fastos de su 75 cumpleaños por la ausencia de su marido, el príncipe Henrik, que ella misma lamentó durante su intervención en el Ayuntamiento de Copenhague. Ella la justificó por una gripe, pero la realidad es que Henrik, de 80 años, ha vuelto a tener una crisis de autoestima y se ha ido a Venecia en busca de consuelo. El escándalo está servido y hay una gran expectación por ver de cerca el aspecto de la Reina, cuya presencia está anunciada hoy en un concierto en Estocolmo.

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En sus casi 50 años de consorte, Henrik ha dejado patente lo incómodo que se siente al permanecer siempre en segundo plano.

Margarita y Henrik celebrarán su 48 aniversario de boda el 10 de junio. La hoy Reina se casó profundamente enamorada y parece que Henrik «se dejó querer». Los problemas entre ellos no ha sido la infidelidad, sino las pretensiones de Henrik, quien en 2002, en otra de sus crisis, no ocultó lo que le desagradaba su papel de segundón: «A la mujer de un rey se le da el título de reina, pero el marido de una soberana no se convierte en rey al casarse. Así la pareja queda desequilibrada a ojos de la opinión pública, y esto es traumático». El príncipe Henrik hizo las maletas y se instaló en su castillo de Caix, al sur de Francia. Fue necesario que la Reina y sus hijos, Federico y Joaquín, viajaran allí y, con mucha mano izquierda y alguna concesión, lograron que Henrik regresara a Copenhague. Según se ha sabido estas escapadas de Henrik han sido frecuentes y los daneses están ya más que cansados de las ínfulas y pretensiones del príncipe consorte.

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El príncipe Henrik en su castillo e Caix, donde ha buscado refugio tras sus crisis de identidad.

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Isabel II, que hoy cumple 89 años, y el príncipe Felipe, de 93, han superado fuertes crisis en su matrimonio.

El caso de Henrik de Dinamarca no es el único. Felipe de Edimburgo, el marido de la reina Isabel II, también se ha quejado de ser «solo» el consorte que camina dos pasos detrás de su esposa y reina. En 1952, con la llegada de Isabel II al trono, solicitó que sus hijos adoptaran el apellido de su familia, Mountbatten, en lugar de Windsor, lo que no consiguió. Decepcionado, dijo: «Yo soy el único hombre en el país al que no se permite dar su nombre a sus hijos. No soy más que una sangrienta ameba»…

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Hasta su muerte en 2002, Claus de Holanda recibió tratamiento para aliviar su profunda depresión.

Para Claus de Holanda también resultó muy duro vivir a la sombra de su esposa, Beatriz. Se casaron entre manifestaciones en contray bombas y los holandeses no olvidaron su pasado como miembro de las Juventudes Hitlerianas. Todo esto hizo mella en su inestable carácter y hasta su muerte, en 2002, recibió tratamiento para aliviar su depresión.