Mako de Japón realiza los últimos rituales antes de su deseada boda con el abogado Kei Komuro, con el que se casa el 26 de octubre. Ella pierde su título de princesa por la condición de plebeyo de su prometido.


Mako de Japón, que el próximo sábado cumple 30 años, sobrina del emperador Naruhito de Japón, cuenta ya los días para hacer realidad uno de los mayores sueños de su vida, por no decir el más deseado por haber sido eternamente postergado: su boda. El próximo 26 de octubre se dará el ‘sí, quiero’ con su novio, Kei Komuro, de 30 años, quien por su condición de plebeyo, y a causa de las estrictas tradiciones de la Familia Imperial, ella se ha visto obligada a renunciar a sus derechos como princesa.

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Pero eso no parece importarle, pese al tsunami que supuso su decisión en su día. Mako está enamorada y está dispuesta a realizar su amor contra viento y marea. La mejor prueba de sus sentimientos es que lleva esperando nada menos que tres años para casarse.

Primero debido a la oposición familiar y después, cuando al fin los había convencido y pudo anunciar su compromiso y su fecha de boda, prevista para el 4 de noviembre de 2018, el enlace tuvo que cancelarse al conocerse una deuda del padre del joven. Más tarde Kei se marchó a Nueva York y luego sobrevino la pandemia… El caso es que los novios han tenido que superar esta dura prueba de la espera, pero ya ven más cerca la luz al final del túnel y su ‘final feliz’ al otro lado.

Desde hace unos días, la princesa está llevando a cabo toda una serie de ritos y rituales necesarios antes de celebrar su matrimonio para rendir tributo a los dioses y a sus ancestros. Si bien lejos del boato destinado a las princesas imperiales, que a ella se le ha vedado, optándose por una versión más modesta. Eso sí, en sus diversas apariciones públicas Mako se está mostrando discreta y acorde con las tradiciones, vestida de largo de forma clásica, con joyas de perlas, guantes y casquete en la cabeza…

Gtres.En la última, esta misma mañana, ha visitado tres santuarios que se encuentran dentro del recinto del Palacio Imperial de Tokio para informar de su próximo enlace. Hace dos días se la vio entrando en el mismo palacio para acudir a la ceremonia de la Cosecha del Arroz, en la que estuvo acompañada por su madre, la princesa Kiko. La semana previa también rendía tributo en el Mausoleo del Emperador Showa, en Tokio.

Mientras tanto, su prometido ya ha regresado de Nueva York, donde trabaja como abogado. Esto significa que la pareja ha podido reencontrarse cara a cara después de todo este tiempo sin verse en persona. Se sabe que el joven ha visitado a los padres de Mako, los príncipes herederos de Akishino, en el palacio de Akasaka, en Tokio. El joven, por cierto, ya se ha cortado la larga melena que tenía.

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La boda no seguirá la tradición ancestral de la Familia Real nipona, será civil y más sencilla, pero aún así se trata de la sobrina del Emperador y eso marca la diferencia. La princesa Mako luce muy buen aspecto, a pesar de que recientemente ha trascendido que le ha sido diagnosticado estrés postraumático a consecuencia de todo este periplo y las críticas para conseguir unirse a su amor.

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Después de su boda, Mako y Kei se marcharán a vivir a Nueva York. Ella será simplemente Mako, pues pierde su título y privilegios. Además, ha renunciado a la dote de más de un millón de euros que le otorgaría el Gobierno tras dejar la realeza. También debe devolver el juego de joyas (tiara, collar, dos pulseras, pendientes y broche de diamantes y perlas), que recibió al cumplir 20 años, según marca la costumbre en Japón.