Oksana Voevodina es una modelo rusa de 25 años que fue coronada como Miss Moscú, pero nadie la reconoce por su título de belleza, sino por haber sido la mujer del Rey de Malasia, Mohamed V, durante escasos meses. La polémica se instaló en la familia real malasia cuando ella entró en la corte, porque trastocó tanto los esquemas del soberano. Se casaron por sorpresa y sin previo aviso en noviembre de 2018 y dos meses después el monarca anunció su abdicación al trono. Quería disfrutar de su relación amorosa sin distracciones, incluso tuvieron un hijo tan solo cinco meses después de la boda, pero dos meses después decidieron divorciarse.

Ahora, la exmodelo ha denunciado en un medio público que teme por su vida, además de hablar del drama que está viviendo desde que fuese desplazada sin motivo alguno del cuento de hadas que estaba viviendo. Incluso la paternidad de su hijo ha sido puesta en entredicho y el Rey se niega a reconocerlo como propio, mientras que ella lucha incluso para recuperar el trono para que recaiga en su vástago. Un lío monumental que tiene al pueblo enganchado como si de una telenovela se tratase.

La exmujer del Rey de Malasia ha querido dar más explicaciones que expliquen por qué su matrimonio se interrumpió seis meses después de casarse por sorpresa. Ella asegura al canal ‘Channel Oneque’ que dos días después de celebrar su boda, el teléfono de su marido comenzó a sonar y ella descolgó, creyendo que sería alguien para felicitarles por el enlace. No era así. En su lugar, una mujer chillaba al otro lado del teléfono, amenazándola: “¡No te atrevas a coger el teléfono de mi marido!”.

Al parecer, según ella, el Rey de Malasia estaba casado, aunque él mantiene que se trata de su ex, pero que en ningún momento se habían casado. Las mujeres decidieron intercambiar documentos para ver quién mentía. Oksana Voevodina no sería la primera esposa del Rey de Malasia, dado que la nueva mujer, conocida ahora como Diana Petra, ya había contraído nupcias con él en 2010. Es por eso que ahora la exmodelo teme por su vida y la de su hijo, a quien considera el futuro Rey de Malasia, aunque el monarca duda de su paternidad al no haber encontrado “evidencia objetiva” que le haga pensar que así sea.