La princesa Charlène luce desde hace unos días un rosario que nunca antes le habíamos visto. Se trata de un símbolo religioso que va más allá de un complemento de moda y encierra una delicada situación personal. Habla de todo, incluso de sus hijos, pero no nombra a su marido


La princesa Charlène de Mónaco ha vuelto a reaparecer este domingo desde su exilio en Sudáfrica, país en el que se ha instado para recuperar la salud, tras ser operada hasta en tres ocasiones a consecuencia de una grave infección. Alejada de su marido, el príncipe Alberto de Mónaco, y de sus dos hijos, la exnadadora ha encontrado apoyo en otro hombre de condición real, el nuevo rey zulú Misuzulu kaZwelithini, con el que ha estado estrechando alianzas y del que se siente profundamente orgullosa y agradecida, como así ha destacado ella misma a través de una nueva fotografía en blanco y negro de su último encuentro en la que ha plasmado unas bonitas palabras: “Gracias por tu amabilidad y apoyo”. Un sincero mensaje que ha acompañado de un emoticono de un corazón y la expresión ‘Bayede Nkosi”, que en la lengua africana zulú vendría a ser algo así como “saludos al rey”.

Sin embargo, el mensaje no es lo que ha llamado poderosamente la atención de todos, sino lo que se encierra en la imagen. Un detalle que hace entender cómo está afrontando la princesa Charlène su lucha por recuperar la salud de una vez por todas tras meses de calvario. Se trata de un rosario que la exdeportista lleva colgado en su cuello y que demuestra que se ha entregado a la fe en tan duros momentos personales, marcados por problemas de salud y constantes rumores de divorcio del príncipe Alberto que incluso han sido confirmados por la tía del soberano monegasco. Instantes convulsos en los que la princesa se ha refugiado en la fe, en lo intangible cuando lo mundano no ofrece esperanzas.

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Lo curioso no es que la princesa Charlène lleve consigo un rosario en color blanco, sino que es la segunda vez que se lo vemos en tan solo una semana. Un símbolo religioso que ahora no se separa de ella y que muestra que sigue fiel a la promesa que realizó cuando se casó con el príncipe Alberto de Mónaco, al convertirse al catolicismo siendo protestante para poder contraer nupcias. Un elemento que le acompaña justo cuando sus imágenes causan un gran revuelo mediático, al reaparecer mucho más delgada, con aspecto físico desmejorado y cansado que evidencia que no lo está pasando especialmente bien.

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Las primeras palabras de Charlène tras su operación

La princesa Charlène de Mónaco está muy comprometida con la lucha del nuevo rey zulú y por la protección del entorno natural de su territorio, velando por acabar con la caza furtiva. Pero una vez tratada esta cuestión institucional y de carácter político, la exnadadora no tuvo reparos en valorar su situación de salud tras haber sido sometida a una tercera operación quirúrgica con motivo de la grave infección que arrastra desde hace unos meses. “Vine a Sudáfrica a supervisar algunos de los proyectos de la Fundación, tenía una infección sin saberlo, así que se trató inmediatamente, pero por desgracia me obligó a quedarme durante varios meses”, relata la princesa Charlène.

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Asegura además que tiene más fuerzas ahora desde que comenzase su drama y que en mente tan solo tiene su reencuentro con sus hijos, Jacques y Gabriella: “No puedo esperar más para volver a casa y estar con ellos, les echo enormemente de menos. Creo que cualquier madre que haya estado separada de sus niños durante meses se sentiría como yo”. Eso sí, pese a hablar abiertamente sobre el rey zulú, las causas que le llevaron a Sudáfrica, la infección que le ha obligado a permanecer en su país natal, cómo sobrelleva las operaciones a las que se ha sometido y lo mucho que echa de menos a sus hijos, no habla del príncipe Alberto. A su marido no le reserva un hueco en su entrevista y todo mientras los rumores de un posible divorcio siguen sonando con fuerza. Ni los desmentidos han acallado otras voces que afirman que esta separación es ya un hecho, llegados incluso desde la propia corte monegasca.