El rey emérito se sincera con la periodista francesa Laurence Debray en ‘Mi rey caído’, una biografía que saldrá a la luz el próximo 6 de octubre.


El Rey Juan Carlos vuelve a ser noticia. 14 meses después de su autoexilio en Abu Dhabi, el emérito ha confesado que tiene ganas de regresar a España. Y desea hacerlo cuanto antes. Así se lo ha contado a la periodista francesa Laurence Debray, quien recoge sus anhelos más profundos en ‘Mi rey caído’, el libro biográfico sobre el padre del Rey Felipe VI.

Dicha repasa los últimos años del monarca, incluidos sus escarceos con Corinna Larsen, así como la pasión de la alemana por el dinero, el lujo o sus frecuentes visitas a centros de belleza. En estas memorias, don Juan Carlos ha abierto su corazón desde su actual residencia en Oriente Medio. Desde allí ha confesado que su marcha de España no fue tal y como la deseaba desde un principio, ya que inicialmente quiso ir a Portugal y no a Emiratos Árabes. Tras un año alejado de nuestras fronteras se siente tranquilo. Aún está a la espera del archivo judicial de las tres investigaciones que tiene abiertas. Pero ha conseguido alejarse del foco mediático y cree que hizo lo correcto. «Afrontaba muchas presiones. Desde aquí no molesto a la corona», asegura.

En sus conversaciones con la escritora gala, el emérito se muestra campechano, con mucha nostalgia de España. Tampoco oculta que se siente dolido con su hijo, con el que tiene escaso trato. De hecho, revela que Felipe ni siquiera le felicitó por su 83 cumpleaños.

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Hizo las maletas y partió rumbo a Abu Dhabi el 1 de agosto de 2020. Seis años antes había abdicado a favor de su hijo, Felipe VI. Pero tiene a España muy presente en su cabeza y en su corazón. El libro recoge cómo es su rutina diaria. Se levanta cada día a primera hora de mañana. Después, en el salón, empieza a hacer ciertas rutinas deportivas para ejercitar su cuerpo. También cuida su dieta, en la que no falta el jamón que le envía uno de sus amigos de forma periódica. Debray destaca que ya no viste como un soberano, sino «como un jubilado estadounidense», con zapatillas deportivas, pantalones vaqueros y una camiseta de algodón.

La Fiscalía del Supremo ha decidido renunciar a presentar querella contra Juan Carlos I por los obstáculos legales que ha encontrado para pedir su imputación. La imposibilidad de perseguir delitos anteriores a su abdicación, por la inviolabilidad del rey; las dos regularizaciones fiscales que presentó en diciembre de 2020 y febrero de 2021; la prescripción y la falta de pruebas cierran la puerta a cualquier querella.

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El libro de Laurence Debray, que ha levantado mucha expectación en todo el mundo, coinciden con la publicación de la agenda de Emilio Alonso Manglano, director del Cesid desde 1981 hasta 1995, considerado el padre de la Inteligencia moderna. En ella se desvela que Juan Carlos I recibió 36 millones de dólares del rey saudí para la Transición. También recibió ayudas del Sha de Persia para apoyar a Adolfo Suárez.

La periodista y escritora francesa Laurence Debray es hija de Régis Debray, que fue asesor de François Mitterrand. Está casada con el también escritor Émile Servan-Schreiber (hijo de Jean-Jacques Servan-Schreiber) y tiene dos hijos. Este ha respondido a los rumores sobre una posible relación entre su mujer y don Juan Carlos. Y es que el pasado sábado, el periodista argentino se Ernersto Ekaizer hablaba en el programa Preguntes freqüents de TV3 de un supuesto idilio entre ambos. «El rey emérito vive en su autodestierro. Veo que ha hecho un libro con una escritora francesa, que ha tenido relaciones íntimas con él. Esto lo digo yo», decía.

«Mi padre y yo defendíamos cada cual a nuestro soberano y nuestro tipo de monarquía. El mío había rechazado los plenos poderes heredados de Franco, un dictador terrible, para devolvérselos al pueblo, y vivía con mucha más sencillez de la que reinaba en el palacio del Elíseo, sin corte ni fasto», ha relatado Debary sobre su pasión por la figura de Don Juan Carlos. «Incluso corría el rumor de que el Rey cogía su moto por la noche para dar una vuelta por Madrid de incógnito. Esto tenía más lustre que el recorrido de Mitterrand con su abrigo azul marino por los puestos de libros de segunda mano de los muelles del Sena. Era una cuestión de generación y vitalidad. El Rey era el más republicano de todos los soberanos; reinaba con los españoles. A la cabeza de una monarquía contrariada, Mitterrand, por su parte, gobernaba desde arriba».