Tras meses separados y con los brazos abiertos, la soberana recibe en Windsor a Guillermo y Kate al final de su gira por Reino Unido, además de a otros miembros de la familia.


Este 2020 ha cambiado las reglas en muchos sentidos. Tanto que, en lo que se refiere a la Familia Real británica, hemos tenido que esperar hasta ahora para poder verles a todos juntos (o casi) desde que empezó la pandemia del coronavirus. A causa de esta circunstancia los grandes fastos anuales se han suspendido o han visto alterados sus rituales, por lo que nos hemos quedado sin la estampa de los Windsor saludando desde los balcones palaciegos. Ayer tarde se escenificó en el castillo de Windsor un reencuentro muy esperado, aunque también bastante atípico.

La reunión se organizó al término de la gira exprés por Reino Unido llevada a cabo por los duques de Cambridge, Kate y Guillermo, para dar las gracias a todos los sectores que han trabajado en la primera línea durante esta excepcionalidad sanitaria. Durante dos días completos la pareja ha realizado paradas en diferentes puntos de Inglaterra, Escocia y Gales, desplazándose en el famoso Tren Real, toda una reliquia del siglo XIX que suele utilizar la Reina Isabel en exclusiva. Aunque ellos han hecho gala de su cercanía habitual, lo cierto es que el recibimiento por parte de las altas autoridades escocesas y galesas no ha sido todo lo caluroso que cabía esperar, como ha destacado la prensa británica, empañando un poco el trasfondo de este viaje.

Pero al final de la ruta les esperaba su familia con los brazos abiertos. El castillo de Windsor fue el último destino del príncipe Guillermo y Kate Middleton, ya que la soberana se encuentra allí desde hace varias semanas junto a su marido, el duque de Edimburgo. Hasta el lugar se desplazaron también tres de los cuatro hijos de la reina: el príncipe Carlos y su esposa, Camilla de Cornualles; la princesa Ana; y el príncipe Eduardo y su mujer, Sophie de Wessex. Solo faltaban el príncipe Andrés, quien se ha retirado de la vida oficial tras verse implicado en el escándalo se trata sexual del que fuera su amigo Jeffrey Epstein; y Felipe de Edimburgo, el patriarca, que también está jubilado a sus 99 años y no compareció en este acto.

Gtres.

Isabel II esperaba de pie (a sus magníficos 94 años) a las puertas de la entrada Equerry, vestida con un conjunto de vestido y abrigo con sombrero en rojo, y con los labios pintados al tono. Quería dar la bienvenida ofreciendo lo mejor de sí misma a su nieto y su esposa, además de al resto de los suyos. Una llamativa sonrisa resplandencía en su rostro. Se notaba su alegría después de tanto tiempo sin poder congregar a su familia cara a cara, pues sus diversos miembros se han mantenido aislados en diferentes residencias para evitar riesgos. Así que este reencuentro suponía una especie de Navidad adelantada.

La familia posó en el exterior a la adecuada distancia de seguridad y encantados de volver a verse, mientras de fondo sonaban villancicos. Por primera vez en 33 años, la reina Isabel y su marido pasarán las navidades en Windsor (donde ya estuvieron confinados durante la pasada primavera) y no en Sandringham. Serán unas fiestas diferentes, pero cumpliendo con las normas sanitarias, intentarán celebrarlas lo más unidos posible.