La Reina Isabel II tiene una manía muy peculiar respecto a los hielos con los que enfría sus gin tonics, una de sus bebidas favoritas. Pero esta exigencia al personal que se lo prepara no tiene nada que ver con el sabor o el aroma de la bebida, sino con el ruido que hace


Todas las personas tenemos nuestras manías y ser rico y famoso no ayuda a que se nos vayan esos tics que nos impiden llevar una vida relajada y normal. Se tratan de normas que uno mismo se impone y que si no se cumplen nos arruinan el día. Hay cuestiones que, por nimias que sean, condicionan nuestro día a día y la Reina Isabel II no se escapa, porque también tiene sus manías. La última en salir a la luz tiene mucho que ver con su conocida pasión por la ginebra: cómo debe ser el hielo que refresque su copa.

Los gin tonics se han convertido en todo un arte y ahora gozan de una gran popularidad. La Reina Isabel II sabe desde hace mucho tiempo disfrutar de este pequeño placer, pero lo hace con un ritual que incluye la prohibición de que el hielo no sea perfectamente esférico. Pero esta exigencia que pesa sobre aquellos sirvientes que le preparan sus bebidas no tiene en sí una justificación en potenciar el aroma o los sabores de los combinados, sino meramente a un gusto personal de la soberana, que odia oír cómo los hielos tintinean en su copa.

Para la Reina Isabel II, los hielos que no tiene forma redonda provocan mayor escándalo y reducen, para ella, el placer de consumir un gin tonic. Así lo ha desvelado Karen Dolby, quien ha realizado un profundo perfil de la reina de Inglaterra en su libro, ‘Queen Elizabeth II’s guide to life’. Entre sus páginas cada vez se descubren nuevas facetas y peculiaridades de la soberana, como esta manía con los hielos redondos, que obligó a su marido, el duque de Edimburgo, a encargar una máquina especial que produjese hielos como canicas y no en cubos.