Diana de Gales y el príncipe Carlos se casaron hoy hace 40 años ante millones de espectadores de todo el mundo. Pero la historia no era tan de cuento de hadas…


El 29 de julio de 1981 el mundo entero estaba pendiente de la televisión para contemplar el ‘sí, quiero’ entre el príncipe Carlos de Inglaterra y  Diana de Gales. Se presentaba como un cuento de hadas, entre el heredero y una bella aristócrata inglesa de 20 años que lucía la princesa ideal. Hoy se cumplen 40 años desde aquella boda que marcaría un antes y un después en la realeza británica.

Archivo SEMANA.

Alrededor de 750 millones de espectadores vieron por televisión la ceremonia de la llamada «boda del siglo». El hecho es que aquella cifra no se ha vuelto a superar, por lo que el honor sigue vigente. Y es que el enlace tenía todos los ingredientes para cautivar el imaginario popular. Cuando Lady Di, como la bautizaron los medios, apareció en la Carroza de Cristal (cual Cenicienta) envuelta en tafetán y encaje con un vestido de corte ultrarromántico, todos se enamoraron de ella. Todos, menos quizás el propio novio, quien a la luz de lo que acontecería después no acudía a la cita tan entregado.

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Diana eligió a los jóvenes diseñadores David y Elizabeth Emanuel para su traje nupcial: un voluminoso diseño con una cola de casi 8 metros de largo, bordado de perlas y lentejuelas, con el que enfiló el pasillo de la catedral de Saint Paul de Londres hacia el altar. El vestido llevaba una herradura con diamantes bordada en la cintura como talismán de la buena suerte. También se puso la tiara Spencer, que pertenecía a su familia.

Años después, la princesa reconocería que en ese mismo instante vio a Camilla Parker Bowles, ya casada, sentada entre los invitados en la iglesia. Esto ensombreció su ánimo en el que debía ser el día más feliz de su vida. Diana sabía que había mantenido una relación amorosa con el príncipe Carlos (y sospechaba que aún no había terminado, como luego se demostró). Mucho tiempo después, en una de sus polémicas entrevistas, Diana diría que se sentía como «un cordero rumbo al matadero».

Diana iba del brazo de su padre y padrino, el conde John Spencer, seguida por dos pajes y cinco damitas de honor, entre las que se encontraba una jovencita Lady Sarah Armstrong-Jones, hija de la princesa Margarita y sobrina de la reina Isabel. 

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El hecho es que la reina Isabel estaba encantada de que su primogénito al fin ‘sentase la cabeza’. Iba a cumplir 33 años y necesitaba asegurarse otro heredero para la dinastía de los Windsor. La cándida Diana, de 20 años, cumplía todos los requisitos como futura reina consorte: dulce, guapa y sin pasado.

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A la boda asistieron unos 2.500 invitados (faltó la Familia Real española). Tras la misma, los recién casados pasearon en una carroza descubierta por Londres, donde recibieron el cariño de un pueblo entusiasmado. Solo Carlos parecía más serio de lo normal para una ocasión tan festiva.

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Cuando los novios salieron al balcón del palacio de Buckingham a saludar a la multitud, ambos ‘cedieron’ a su petición y se fundieron en un tímido beso en los labios. Diana sonreía y agitaba su mano, sentando las bases como ‘princesa de corazones’ y ‘princesa del pueblo’.

Luego vendrían los posados oficiales junto al resto de la familia, la recepción… La ‘boda del siglo’ quedaría para siempre en la memoria de todos.