El pasado 22 de octubre tuvo lugar la solemne ceremonia de Entronización de Naruhito como emperador de Japón. A su lado, su esposa, la princesa Masako, cumplió con todos los rituales como emperatriz consorte, ese día y los sucesivos, en los que la pareja no ha parado de presidir diferentes audiencias y banquetes con las autoridades locales e internacionales. Hace unos años hubiera sido imposible esta «exposición» pública por parte de Masako, quien lleva años padeciendo los efectos de una depresión. Las pruebas de su mejoría son evidentes. El último gran acto oficial con motivo de su proclamación fue la procesión imperial en coche descubierto por las calles de Tokio, que se retrasó hasta el domingo 10 de noviembre. De esta manera, Naruhito y Masako también compartieron con su pueblo las felicitaciones por su ascenso al Trono del Crisantemo.

12La pareja imperial

Naruhito, de 59 años, ejerce como Emperador de Japón tras la abdicación por parte de su padre, Akihito. Con su llegada se inaugura el primer año de la nueva era Reiwa. Se casó con Masako en 1993 y tiene una hija, la princesa Aiko, quien cumplirá 18 años el próximo 1 de diciembre.

Los Reyes asisten a la Entronización de Naruhito en Japón.

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11Junto al heredero, su hermano

Esta última ceremonia partió del Palacio Imperial de Tokio, donde también estaban el hermano menor de Naruhito, Fumihito, el príncipe Akishino, y la esposa de este, la princesa Kiko. Él ocupa ahora el primer puesto en la línea de sucesión al Trono, seguido por su hijo varón, el príncipe Hisahito, de 13 años. Hay que recordar que en Japón rige la Ley Sálica por la que prevalecen los derechos dinásticos del hombre sobre la mujer.

Los gestos de Masako en su debut como emperatriz.

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10Sin su hija Aiko

Su única hija, Aiko, no ha aparecido en ninguna de las ceremonias relacionadas con la Entronización. El debate en el país se viene arrastrando desde su nacimiento, con una gran mayoría de ciudadanos que piden que se cambie la ley para que ella pueda reinar algún día. De momento, la joven está «desaparecida».

9Desfile por las calles de Tokio

Naruhito y Masako se subieron a un coche descubierto para recorrer las calles de la capital, en un recorrido que comenzó a las 3 de la tarde en el Palacio Imperial hasta la Residencia Imperial de Akasaka.

8El entusiasmo de los japoneses

Alrededor de media hora en la que los nuevos emperadores recibieron las felicitaciones y el cariño entusiasta de miles de personas, que no pararon de agitar banderitas de Japón y, por supuesto, inmortalizaron el histórico desfile a través de sus móviles.

726 años de matrimonio

6Masako, siempre de blanco

La emperatriz volvió a escoger un atuendo completamente blanco, símbolo de pureza y el color de los dioses en la cultura nipona. Además llevaba grandes joyas de diamantes, tiara, pendientes y collar de doble vuelta, con los que estaba radiante.

5Al borde de las lágrimas

En un momento del desfile Masako no pudo evitar emocionarse y asomaron unas lágrimas en sus ojos. En un país donde los sentimientos, y más viniendo de personalidades públicas, suelen quedar ocultos, ver así a la emperatriz es algo bastante excepcional.

4La «princesa triste»

Durante años se la ha conocido como la «princesa triste» a raíz de su reconocida depresión, motivada, según parece, precisamente por el estricto protocolo de la Casa Imperial para una persona que, hasta su matrimonio, había estudiado y trabajado, sumado al hecho de que tardó algunos años en tener descendencia y «encima» esta fue femenina. Pero lo cierto es que en los últimos tiempos se siente muchísimo mejor, como lo demuestra el hecho de que asume todos sus compromisos sin problemas y se deja ver más que nunca.

3Saludando al pueblo

Por lo demás, Masako no dejó de sonreír, saludando con la mano a toda la gente que había salido a las calles para celebrar la Entronización de los nuevos emperadores.

2Las felicitaciones de su pueblo

1Una nueva era imperial

Naruhito y Masako de Japón tienen ante sí el reto de ser emperadores en un Japón que convive entre la tradición y la modernidad. Antes los emperadores eran considerados poco menos que dioses, apenas eran vistos y vivían prácticamente recluidos en las dependencias del Palacio Imperial. En el siglo XXI muchas de estas costumbres van cayendo poco a poco y también ellos tratan de amoldarse a los nuevos tiempos.