Abrimos el joyero de la Reina Letizia para descubrir las piezas con mayor valor sentimental (también económico) que le han regalado a lo largo del tiempo.


La Reina Letizia atesora un joyero considerable. Son muchos años formando parte de la realeza y es lógico que su patrimonio se haya ido agrandando con nuevas adquisiciones. Si a estas sumamos las piezas ‘heredadas’, la cosa pasa a mayores. La esposa del Rey Felipe cuenta para su uso y disfrute con el denominado lote ‘de pasar’, las joyas que legó la reina Victoria Eugenia, esposa de Alfonso XIII, a las futuras reinas españolas. Brillantes y perlones que saca en momentos top (habitualmente). Ahí nos perdemos y no podemos hacer cuentas ni calcular su valor exacto. Pero no es de ellas de las que vamos a hablar.

En esta ocasión vamos a centrar el foco en aquellas joyas que la Reina ha ido recibiendo por diferentes motivos, sobre todo para marcar algún acontecimiento importante de su vida. Su gran baza es el valor sentimental, un territorio difícil de batir frente a otras consideraciones, aunque el económico también suele ser potente. Abrimos la cajita…

… Y nos encontramos de todo. Pendientes, anillos, pulseras… ¡y hasta tiaras! A lo largo de todo este tiempo, Doña Letizia ha ido luciendo todo tipo de joyas, algunas de altísimo nivel, con diamantes y piedras preciosas, y otras más ‘modestas’, pero que igualmente le han llegado al corazón. Todo empezó con una pieza: el anillo de su compromiso, aquel 3 de noviembre de 2003: una alianza de oro blanco con diamantes de talla baguette de la firma Suárez. Durante unos años brilló en su mano junto a la alianza matrimonial, pero luego se esfumaron ambas. Se dice que influyó el hecho de que la de pedida hubiera ido a comprarla su cuñado Iñaki Urdangarin…

A partir de ahí, un suma y sigue de cajitas primorosamente aterciopeladas en las que guardar sus pequeños tesoros. De Yanes, Van Cleef&Arpels, Cartier, Quirós, De Grisogono… Entre los más exclusivos, a la par que queridos, citamos los pendientes de aguamarina de Bvlgari que le regaló dicha joyería por el nacimiento de la Princesa Leonor, en 2005. Son desmontables y uno de sus favoritos por la regularidad con la que los ha utilizado. Para dar la bienvenida a la Infanta Sofía, la misma casa continuó la tradición obsequiando a Letizia con otra joya, en este caso un anillo de brillantes.

Por supuesto, Don Felipe se ha encargado el primero de embellecer aún más a su esposa con piezas deslumbrantes. La más rimbombante fue la llamada Tiara de Lis, de Ansorena, que le entregó en su quinto aniversario de matrimonio, en 2009, aunque no fue hasta 2015 cuando la estrenó. Necesitaba la gran ocasión y la encontró para acudir al 75 cumpleaños de la reina Margarita de Dinamarca. Sí llevó antes su broche desmontable, con el florido símbolo de la dinastía Borbón. La Reina Sofía, como buena aficionada, también le ha regalado joyas a su nuera (además de prestarle).

El hecho es que con el tiempo la Reina Letizia se ha vuelto más austera en gustos joyeriles. Cada vez opta más por la alta bisutería moderna y creativa, apostando por Tous, Coolook, Lisi Fracchia, Elena Carrera… O directamente por algunos modelos súper ‘low cost’ de Mango o Parfois. Pero si estamos hablando de joyas con valor sentimental, no nos podemos olvidar del famoso anillo ovalado de Karen Hallam (114 euros), que la Reina no se quita desde hace meses y que tiene su precedente directo en aquel anillo verde de hace unos años. Se dice que es un regalo de sus hijas, así que nada más que añadir. Lo de que «el mejor amigo de una chica son los diamantes», que cantaba Marilyn, no es exactamente para ella o sí, pero con matices…