Letizia recupera otro ‘Varelazo’ para el Premio Cervantes (con tierna anécdota)

¡Hola a todos! Hoy celebramos el gran día de las Letras españolas, la entrega del Premio Miguel de Cervantes, que como siempre tiene lugar en Alcalá de Henares, lugar de nacimiento del insigne autor de El Quijote y que se celebra un día después de su muerte (hace 402 años nada menos). El pasado viernes tuvimos el aperitivo (almuerzo en el Palacio Real) y ahora ha llegado la gala para galardonar en esta edición al escritor nicaragüense Sergio Ramírez.

La última vez dejamos a Letizia toda de verde menta para reencontrarnos este lunes con su versión más solemne y algo más desvaído, en rosa palo. Es una gala que pide más relevancia, un atuendo con más peso. Y puesta a rebuscar, ¿qué ha sacado? Pues uno de sus conjuntos de Felipe Varela, a quien sigue siendo fidelísima en esta, al igual que en otras grandes ocasiones.

Los Reyes, el galardonado y el resto de autoridades.

Pulcra, sobria, elegante. Clasicona, un poco anodina, la verdad. Sigue la misma pauta de los Varelazos: vestido lápiz por debajo combinado con un abrigo recto, bien confeccionado y a menudo adornado con elaborados bordados. En este caso, la originalidad estriba en el borde y el bajo ondulados (¡¡¡!!!). ¿Cuántos tiene de estos? Los ha lucido en Visitas de Estado, Comuniones, Fiestas Nacionales…

Lo estrenó en junio de 2016 en Salamanca, para entregar la Enseña Nacional al Regimiento de Especialidades de Ingenieros nº 1. Así pues, es uno de esos conjuntos de honda raigambre…

Por no variar, tampoco se ha cambiado de pendientes y ahí están las mismas florecitas de Yanes, uno de sus pendientes más antiguos y más queridos.

Un maquillaje de efecto “invisible”.
Los Reyes, saludando al escritor Sergio Ramírez en la Universidad de Alcalá.

La clave para rejuvenecer estos modelos “tipo madrina” es soltarse la melena. Te quitas el moño y, de pronto, diez años menos. En eso Letizia ha estado acertada, apostando una vez más por la media melena suelta y lisa con raya al lado.

La cartera ha sido una baguette de ante rosa con cierre de pellizco con una piedra natural, también de Felipe Varela, que ya llevó en la boda del Príncipe Guillermo y la Princesa Stéphanie en Luxemburgo, en octubre de 2012. Y a los pies, unos salones rosa nude (cómo no) de Lodi, de esos que llevan escondida la plataforma. Un truqui para levantarte sin que aparezcan esas suelazas ya demodés.

Las gemelas Letizia: del viernes al lunes, apenas un color cambiante.

Una de las anécdotas ha sido cuando, a la salida, los Reyes Felipe y Letizia se han acercado a un grupo de tunos, que han tocado para ellos. Hasta ahí, todo perfecto. Simpáticos, graciosos, tunantes

Por delante del grupo estaban un niño y una niña, ataviados al uso, cuando de repente la pequeña, ni corta ni perezosa, le ha dado unos papeles a Letizia. Os pongo la secuencia

Atención, ¡la niña le alarga unos papeles a la Reina!

La Reina los ha cogido con gesto sorprendido. A continuación los han visto juntas (parecían dibujos o algo así) y han terminado fundidas en un abrazo.

A ver, a ver…
Esto me lo quedo y se lo enseño a Leonor y Sofía, ¿vale? (Texto imaginado).
¡Muchas gracias, preciosa!

Notas tiernas aparte y regresando al estilismo… En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Letizia ha cumplido con el rigor de la cita sin sorprendernos demasiado. El único pero es que, de tanto apostar por el look monocromático rosa palo, el resultado queda un tanto apagado. El maquillaje tampoco ayudaba en nada. Eso y que los Varelas clásicos ya nos aburren un poquito.

¿Qué opináis? ¿Debería haber introducido alguna nota de color? Así de fácil lo habría modernizado, ¿no?

Nos vamos con paso firme. ¡Hasta muy pronto!