Hace pocos días salían unas fotos muy significativas en las que la Princesa Charlene aparecía en una villa, solo con la compañía de sus dos hijos, los mellizos Jacques y Gabriella y dos cuidadoras. Al parecer Charlene vive sola con sus hijos en una residencia en las laderas de Mónaco. Fuentes cercanas al principado zanjaron el tema diciendo que en el Palacio Grimaldi se estaban acondicionando las habitaciones de los bebés.

La tensa calma entre Charlene y Alberto vivió una tregua con el embarazo de la princesa y el nacimiento de sus gemelos. Casi cuatro años después de su boda, los monegascos ya se estaban empezando a impacientar porque la descendencia no llegaba. Finalmente, lo hizo y por partida doble, no se sabe si por los métodos «naturales» o recurriendo a alguna técnica de reproducción asistida.

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Los príncipes de Mónaco, durante la presentación de Jacques y Gabriella el pasado 10 de febrero

El pasado 10 de febrero los mellizos fueron presentandos en público en el Balcón del Palacio Grimaldi..ni siquiera en un acontecimiento tan importante, la princesa parecía feliz, sino que estaba, como siempre ausente, como si alguien hubiera puesto encima de ella una pesada carga. En mayo, Jacques y Gabriella serán bautizados, un momento al que quiera o no Charlene tendrá que acudir. Dicen que la princesa ni siquiera pasará la noche en Palacio.

La relación entre Alberto y Charlene siempre fue rara. Los días antes de su boda, crecieron los rumores sobre que Charlene quería anularla y que sería una «novia a la fuga». Eso no sucedió pero fue la novia más triste y alicaída que se recuerda en una boda real. Más tarde, ambos pasaron la luna de miel en Sudáfrica pero en habitaciones separadas, practicamente sin verse.

En la presentación de los bebés desde el hospital fue donde pudimos ver a la Charlene más feliz, no se sabe si por haber sido mamá o por haberse quitado la presión de ser madre que llevaba 4 años pendiendo sobre ella como una espada de Damocles.

Charlene representa el sector triste de los Grimaldi mientras que los hijos de Carolina son la otra cara de la moneda, los perfectos herederos que nunca lo seán: tienen hijos, se casan con ricas herederas y llevan una vida sofisticada y llena de glamour, de la que tan alejada está Charlene, que siempre pareció incómoda al lado de los Grimaldi.

La nadadora sudafricana, nacida en Zimbawue, tampoco hace buenas migas con Carolina, hermana de su marido y todavía gran dama de Mónaco. Charlene nunca ha podido hacerle sombra.

Ahora queda por ver si los príncipes solucionan sus desavenencias o si, por el contrario, se quedarán así, cada uno por su lado pero eso sí, con dos hijos en común, uno de ellos, el pequeño Jaques, heredero del Principado.