Alberto y Charlene, la boda más esperada

El compromiso de Alberto fue para Mónaco la mejor noticia en décadas. El nuevo soberano del principado tenía 52 años y muchas historias y amoríos a sus epaldas, pero nada ni nadie le había hecho renunciar a su recalcitrante soltería… hasta que conoció a Charlene.

Se vieron por primera vez en los campeonatos de natación Mare Nostrum de Mónaco en julio de 2000, aunque su relación no comenzó hasta mucho después, de hecho, fue en  febrero de 2006 cuando el príncipe apareció en la inauguración de los Juegos Olimpicos de Turín acompañado por la nadadora sudafricana Charlene Lynette Wittstock, entonces de 28 años recién cumplidos, una campeona olímpica de ojos azules y 1,76 de estatura que, se decía, había conquistado el corazón del soberano de Monaco.

Un año después, la deportista se instaló en Montecarlo y empezó a estudiar francés. Poco a poco, Charlene fue a aclimatándose a lo que iba a ser su nueva vida y a acompañar a Alberto en algunos actos del principado, aunque la incógnita aún se mantendría durante varios años, ya que la pareja no anunció su compromiso hasta junio de 2010.

19El anuncio del compromiso

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El 23 de junio de 2010, un portavoz del palacio Grimaldi anunció el compromiso matrimonial del príncipe Alberto con la nadadora sudafricana Charlene Wittstock. Para los monegascos fue como un sueño largamente acariciado y por fin hecho realidad. La boda se anunció para el verano de 2011, y más tarde se concretaron las fechas: el 1 y el 2 de julio.

18La boda civil

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La ceremonia civil del enlace, oficiada por Philippe Narmino, presidente del Consejo de Estado, se celebró en la sala del trono del palacio Grimaldi con la asistencia de unos 80 invitados, entre ellos, el embajador de Sudáfrica, país de la novia. Los ciudadanos no se perdieron detalle de la ceremonia gracias a las pantallas gigantes instaladas en cada rincón del principado.

17Marido y mujer

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Fue una ceremonia sobria, en la que los novios no se mostraron demasiado expansivos: apenas un apretón de manos y un tímido beso tras el intercambio de anillos. Charlene optó por un diseño de la casa Akris, un traje pantalón de gasa y encaje con blazer, también azul. A falta de la bendición religiosa, ya eran marido y mujer.

16Saludo a los monegascos

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Después de firmar en el registro, lo que hicieron con una fabulosa pluma Montblanc incrustada con piedras preciosas, Alberto y Charlene salieron al balcón del Salón de los Espejos para saludar a los monegascos, con los que compartieron un bufé en la plaza del Palacio elaborado en las cocinas del hotel Fairmont.

15Un tímido beso

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No faltó el beso que, aunque más tímido de lo que cabía esperar, provocó el entusiasmo de los monegascos, que prorrumpieron en aplausos y vítores para los recién casados.La novia llevaba un maquillaje muy natural y el pelo recogido sin ningún tipo de adorno. Tampoco llevó su anillo de compromiso, tan solo unos sencillos pendientes.

14Fiesta en el puerto

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La tarde-noche del 1 de julio, Alberto, Charlene y todo Mónaco, incluidos la familia Grimaldi y los invitados que ya habían llegado al principado para asistir a la ceremonia religiosa, asistieron a un concierto de Jean-Michel Jarre, y a un espectáculo de fuegos artificiales, en el puerto de Hércules. Charlene, que se había quitado el blazer y lucía un fabuloso collar, dijo en inglés, ya que aún no dominaba el francés: “Gracias a todos por vuestro cariño. ¡Viva Mónaco!”

13El segundo sí, quiero

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Al día siguiente, 2 de julio de 2011, El patio de honor del palacio Grimaldi, engalanado en blanco y rojo, los colores del principado, albergó a los 850 invitados a la boda religiosa de Alberto y Charlene. La novia llegó del brazo de su padre, Michael Wittstock, al filo de las cinco de la tarde, momento en el que se desveló el secreto mejor guardado: el vestido de la novia.

12El secreto mejor guardado

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Charlene llevaba un diseño de Armani en blanco roto, de líneas rectas, cuello barco y una cola de cinco metros. Confeccionado en seda duquesa, con los hombros al descubierto, el vestido estaba bordado con 40.000 cristales de Swarovski y 30.000 madreperlas en forma de lágrima en tonos blancos y dorados. El pelo iba recogido en un moño bajo, en el que brillaba un broche de platino y brillantes del siglo XIX, prestado por la princesa Estefanía. El ramo, diseñado también por Armani, era de orquídeas y proteas rosas, la flor nacional de su país, Sudáfrica.

11El mejor escenario

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El altar se dispuso en el patio de honor del palacio Grimaldi, delante de la impresionante escalinata de mármol con forma de herradura que conduce a la galería de Hércules. Frente al altar, colocadas en semicírculo, se encontraban las sillas para los invitados y los miembros de la Orquesta Filarmónica de Montecarlo, que se hizo cargo de la música durante la ceremonia.

 

10Reunión ante el altar

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Tras recorrer el largo pasillo del brazo de su padre, Charlene se encontró con Alberto frente al altar. Estaba seria y parecía tensa, puede que por los rumores que días antes de la boda aseguraban que la sudafricana estuvo a punto de convertirse en una novia a la fuga, tras descubrir una presunta infidelidad y un posible tercer hijo secreto del que estaba a punto de convertirse en su marido.

9Unas palabras en afrikáans

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La ceremonia, oficiada por Bernard Barsi, arzobispo de Mónaco, comenzó con unas palabras del padre Carlo Adams en afrikáans, una de las lenguas oficiales de Sudáfrica: «Una cálida bienvenida a todos los invitados que vienen de diferentes partes de Sudáfrica para vivir a la alegría de la pareja principesca…». Charlene siguió con la mirada baja y sin esbozar siquiera una sonrisa.

8Carlota y Paulina

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Las hijas de las princesas Carolina y Estefanía, Carlota Casiraghi y Paulina Ducruet, ambas vestidas de Chanel, se encargaron de las primeras lecturas, y también las pequeñas de la familia tuvieron su papel: Alexandra, hija de Carolina y Ernesto de Hannover, llevó las alianzas, que eran de Cartier, y Camila, la niña que Estefanía tiene con Jean-Raymond Gottlieb, dirigió unas palabras a los novios.

7El intercambio de anillos

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Con los votos y el intercambio de anillos llegaron las primeras miradas cómplices y las sonrisas, pero también las lágrimas de Charlene, muy emocionada tras dar el «sí, quiero» a Alberto. Fueron testigos de este matrimonio Jefes de Estado y representantes de todas las casas reales, salvo la española, que declinó la invitación al estar el rey Juan Carlos convaleciente de una operación de rodilla.

6Al fin, casados

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La pareja parecía algo distante cuando llegó uno de los momentos más esperados: el beso. Alberto y Charlene ya eran marido y mujer. «No nací en Europa y no nací princesa, pero lo haré lo maejor que pueda», había dicho la novia días antes de la boda. Tras la Eucaristía, concluyó la ceremonia y los recién casados se dirigieron a firmar el acta matrimonial, con la música del tenor peruano Juan Diego Flores de fondo.

5El guiño de Carolina

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Ya casados, Alberto y Charlene recorrieron el patio pasando por delante de los invitados, entre los que se encontraban sus dos hermanas. Las princesas Estefanía y Carolina, esta última vestida de Chanel, con quienes Alberto cruzó gestos y miradas cómplices, protagonizaron uno de los momentos más emotivos y simpáticos de la ceremonia.

4Lluvia de pétalos

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Los recién casados abandonaron el patio de honor del palacio Grimaldi bajo una lluvia de pétalos blancos y entre los vítores y aplausos de las más de 3.500 personas que habían seguido la ceremonia a través de las pantallas gigantes. La presencia de 22 jefes de Estado, representantes de 22 familias reales reinantes y de 16 no reinantes, confirió especial relevancia a la seguridad, de la que se ocuparon 400 policías monegascos.

3A Santa Devota

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Ya convertidos en marido y mujer, Alberto y Charlene recorrieron el principado en un espectacular Lexus híbrido descapotable de 150.000 euros hasta llegar a la iglesia de Santa Devota, patrona de Mónaco, ante la que Charlene depositó su ramo de novia siguiendo una tradición provenzal. Después, la pareja regresó a palacio para el posado oficial.

2Cena en la Ópera

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A las nueve de la noche, Alberto y Charlene llegaron a la Ópera de Montecarlo, en cuyas terrazas se sirvió la cena, elaborada por el famoso chef Alain Ducasse con productos recogidos esa misma mañana del jardín que el príncipe tiene en Roc Agel, la casa de verano de los Grimaldi. La novia había cambiado su modelo nupcial por un vestido de seda con bordados y volantes de Armani Privé, y llevaba la diadema de diamantes que le había regalado Alberto.

1El broche de oro

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Poco antes de la medianoche, novios e invitados presenciaron un nuevo espectáculo de fuegos artificiales, y después, los recién casados abrieron el baile en el interior de la Ópera. Fue el broche perfecto a la boda real de Alberto y Charlene de Mónaco, quienes eligieron Sudáfrica, el país de la exnadadora, para iniciar su viaje de luna de miel.