1.- Eres cultureta y no te avergüenzas por ello.

Para saciar tu sed de conocimiento te recomendamos que recorras el casco histórico, que se encuentra en el distrito 1. (Altstadt), a ambas orillas del rio Limmat. El emblema de esta ciudad, en la que descubrirás las huellas de su pasado gremial en sus edificios, son las torres gemelas del campanario de la Grossmünster, una de las iglesias más relevantes de Zürich, que vio nacer, entre otros al escritor Max Frisch (no te puedes perder su gran novela ‘Homo Faber’) y al actor Bruno Ganz, muy celebrado por su recreación de Hitler en la película ‘El hundimiento’.

No te pasarán inadvertidas tampoco la Peterskirche, cuya torre que tiene la esfera del reloj más grande de Europa (8,7 metros), y la Fraumünster, una iglesia cuyo máximo activo son los vitrales de Giacometti y Chagall, que dan esplendor a un templo austero que incita al recogimiento.

Si lo tuyo son los museos, no te puedes perder Kunsthaus Zürich, que cuenta con una notable colección de artistas como Munch, Van Gogh, Picasso, Monet, Chagall, Rothko y Bacon, entre otros.

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Estas son las vistas que puedes disfrutar desde Jules Verne Panoramabar, como puedes comprobar en esta imagen de su web.

2.- Un rincón para románticos.

Qué mejor para las grandes citas que los ‘marcos incomparables’. Jules Verne Panoramabar es el lugar perfecto para pedir matrimonio, celebrar el amor o simplemente disfrutar de algunas de las mejores vistas de la ciudad desde este antiguo observatorio, donde, además, sirven unos cócteles estupendos. Como es uno de los lugares más ‘cool’ y al mismo tiempo, tradicionales, de la ciudad, te recomendamos que reserves con antelación porque todo el mundo quiere conocerlo. En su estupendo restaurante ofrecen una excelente carta con una cocina de inspiración europea.

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The Prime Tower es un lugar perfecto para disfrutar de una charla relajada entre amigos, como vemos en esta foto de Thies Watcher.

3.- Desde las alturas…

Si impresionantes son las vistas desde Jules Verne Panoramabar, no tienen nada que envidiarle las del restaurante Clouds en Prime Tower, en en la última planta de este espectacular edificio de 122 metros de altura, el rascacielos más alto de Suiza. Inaugurado en 2011, ha logrado alimentar un ambiente muy chic y selecto, en el que te encontraras al guaperío de la ciudad y a los ejecutivos de after-work, posiblemente buscando nuevas líneas de negocio (en el mismo edificio se encuentran oficinas de algunas de las principales entidades bancarias europeas y un hotel de lujo). Situado en el emergente distrito Oeste de la ciudad, es un lugar estratégico para ver y dejarse ver.

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Ir de compras en Zúrich puede ser todo un ‘sueño’….

4.- A quemar las tarjetas…

Zürich no es precisamente barato, pero quién dijo que por un día en nuestra vida no nos podamos sentir como Julia Roberts en las tiendas de Rodeo Drive en ‘Pretty Woman’… Banhoffstrasse es la calle más cara de Europa y, según parece, la tercera del mundo. Eso sí, por mirar los escaparates de sus tiendas más exclusivas o por entrar no te van a cobrar… Por supuesto que hay otras opciones más asequibles y también mucho más modernas, pero no debes desestimar esta primera opción, aunque sea como ‘voyeur’.

En Zürich Oeste, que desde hace cinco años está sufriendo un impresionante proceso de modernización y transformación, se encuentra Im Viadukt, un centro comercial creado gracias a la rehabilitación de un antiguo viaducto ferroviario al que han dado una nueva vida con una inteligente rehabilitación arquitectónica. Y si durante tu visita a la ciudad no te ha dado tiempo a ir de compras, la opción de última hora es el impresionante duty-free del aeropuerto de Zürich, ciudad a la que puedes volar con Swissair, una compañía que cuida todos los detalles para que la experiencia sea lo más placentera posible.

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Freitag, el emblema de Zürich Oeste, es propiedad de los hermanos que le dan nombre y venden bolsos muy originales a partir de 100 euros (cuentan con unas 300 franquicias en todo el mundo).

5.- ¡Mira, una moderna!

Como cantaba el grupo albaceteño de rock electrónico, Putilatex, tienes que irte a Zürich Oeste, el que muchos denominan como el Soho suizo, para estar a la última en tendencias y ver hipsters por doquier. Esta zona, que fue el epicentro del desarrollo industrial de la ciudad en el siglo XIX, delimitado por las vías del tren, el río Limmat y el puente de Europa, es un hervidero de modernos que se codean con ejecutivos con trajes hechos a medida. A todos ellos les gusta salir a tomar una copa después de trabajar, cenar en alguno de sus originales restaurantes o hacer compras sorprendentes en tiendas como Freitag, construida con 17 contenedores de carga reciclados traídos desde Hamburgo y que se ha convertido en uno de los iconos de la zona.

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 Olé Olé, uno de los bares de moda, en Langstrasse 138.

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En Zürich te puedes someter a tu propio test de alcoholemia.

6.- ¡Marcha, queremos marcha!

En Zürich, como no podía ser de otra manera, funciona todo con la precisión de un reloj suizo. Bajo su apariencia apacible y calmada, los empresarios de la ciudad ponen a tu disposición una gran oferta nocturna, idónea para cualquier tribu urbana y para los amantes de cualquier tipo de música.

Los turistas con ganas de marcha encontrarán su lugar en el mundo sin ninguna dificultad. Es una ciudad muy abierta y respetuosa con la diferencia, que cuenta también con su Barrio Rojo, donde han abierto algunos de los locales y discotecas más de moda, que conviven en perfecta armonía con el oficio más antiguo del mundo (los ciudadanos decidieron mediante un referendum en 2012 darle este estatus a este barrio con más de un 52% de votos a favor).

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 7.- El último café…

Antes de abandonar la ciudad, puedes tomarte un café en Cabaret Voltaire, uno de los lugares más encantadores y emblemáticos, donde se dice que nació el movimiento dadaísta. Abierto en 1916, como puede leerse en su fachada, inicialmente era un cabaret situado encima de un teatro, donde se hacían representaciones de marcado carácter político, hasta que cayó en desuso y fue okupado por unos post-dadaístas. Tras ser expulsados por la policía, el local se reconvirtió en un café-museo, que sigue teniendo una intensa actividad con espectáculos y exposiciones.