Los cambios de temperatura son especialmente notables en la piel atópica. Afortunadamente hay formas de cuidarla y protegerla cuando está más frágil


Es un tipo de piel delicada y como tal, necesita de una serie de cuidados especiales. Sobre todo cuando llega el cambio de estación, porque la bajada de temperaturas afecta a la piel atópica de manera singular. Afortunadamente tenemos herramientas y opciones para paliar esos efectos y prevenir.

¿Qué es la piel atópica?

Seguro que han escuchado más de una vez este término, especialmente si la padecen. Esto supone tener una afección en la dermis que se caracteriza por la descamación de la piel y su irritación. A veces va acompañado de picor y de una sequedad más que visible en la zona.

La dermatitis atópica puede aparecer en la infancia, aunque no es exclusiva de esta etapa, porque son muchos los adultos que tienen que lidiar con ella. El verano es una buena época para las pieles con estas características, pues la luz del sol, así como la aplicación constante de cremas solares y otras lociones, ayudan a que no esté tan seca.

Pero el cambio de estación, con la bajada de las temperaturas, pueden provocar la aparición de zonas conflictivas con la temida descamazón y el picor, que puede hacer que sucumbamos a la tentación de rascarnos. Y eso solo complicaría un poco más un problema ya de por sí molesto.

La clave, la hidratación

El indicador más claro de la dermatitis es la aparición de zonas especialmente secas. Por eso hay que hacer especial hincapié en evitar que esa parte de nuestra piel pierda totalmente la hidratación y acabe por descamarse. Para ello hay que seguir una serie de pasos.

El primero, es una buena limpieza, pero eso sí, ha de ser muy suave. Por tanto, debemos evitar las exfoliaciones mecánicas y todos aquellos productos que contengan microgránulos, porque solo conseguiremos alterar más la zona y que aparezcan rojeces. Lo ideal, en el caso de la cara, sería utilizar una leche limpiadora muy suave o un agua micelar específica para pieles sensibles y reactivas. En el caso del cuerpo, con un baño de sales y el gel quizá sea suficiente.

Para el cuerpo y el rostro

A continuación, hay que hidratar bien la piel. Esa es la clave: que le demos un extra de hidratación. Y si lo habitual en las pieles normales es aplicar crema corporal una vez al día en el de las pieles atópicas lo mejor será que no olvidemos hacerlo dos veces al día.

En el caso del rostro, como ya aplicaremos una crema por la mañana y otra por la noche al acostarnos, deberíamos sumar a la rutina de las pieles adultas un sérum pensado para aumentar y retener la hidratación. Así lograremos prevenir la aparición de las rojeces y las zonas irritadas y repararemos las que ya hayan aparecido.