Martínez de Pisón es un escritor de sobrada solvencia y un notable guionista, como ha demostrado en las películas ‘Carreteras secundarias (1997), adaptación de su novela homónima, ‘Las trece rosas’ o ‘Chico & Rita’, y en su producción narrativa, que comenzó con ‘La ternura del dragón’ (1984) se ha consolidado como uno de los escritores más respetados por la crítica especializada.

Da la sensación de que ‘La buena reputación’ está concebida como la novela que le hubiera permitido dar un salto cualitativo para situarle entre los grandes. El autor echa el resto en las más de 600 páginas, que ha construido minuciosamente. Tanto que llega a abrumar en detalles de cada una de las ciudades en las que discurre, Melilla, Málaga y Zaragoza, y se convierte involuntariamente en casi un callejero de las mismas. Asimismo, se toma tan en serio las descripciones de las profesiones de los personajes, de sus ámbitos familiares y laborales, y quiere dejar tan claro en qué época estaba ambientada cada parte del relato, que también hay un estudiado ‘product placement’ de las marcas de tabaco que se fuman, las bebidas que se toman… que nos hacen pensar en un ‘Cuéntame’ literario. 

‘La buena reputación’, que hace referencia a la importancia de guardar las formas y la apariencia y cómo este propósito puede encorsetar a las personas, funciona a la perfección cuando el foco está puesto en Samuel, un judío orgulloso de serlo que, sin embargo, por estar casado con una mujer católica y por la época que le ha tocado vivir, tiene que hacer equilibrios en el alambre para mantener su posición y convertirse en una especie de Oskar Schindler a la española.

Sin embargo, cuando la historia avanza hacia nuevas generaciones y el misterio se diluye en el costumbrismo, el interés decrece considerablemente, ya que los conflictos a los que se ven sometidos los personajes no acaban de tener una fuerza dramática definitiva. Se hubiera agradecido un mayor poder de síntesis para una novela que promete más de lo que da. Aunque sin grandes emociones, se lee plácidamente. Eso sí.