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La fiesta de la otoñada comenzó el pasado 30 de octubre y se prolonga hasta el 15 de diciembre, cuando la llegada del invierno desnude los árboles caducos. Es un buen momento además para conocer la gastronomía de la zona, en gran parte de origen pastoril. Los amantes de las setas disfrutarán de las jornadas micológicas. Senderismo, concursos variados, son algunas de los atractivos de estas fiestas.

Para llegar al Jerte desde Madrid, lo mejor es tomar la Nacional 110, la que une Ávila con Plasencia, en dirección a esta localidad. Ya en el Puerto de Tornavacas – que delimita Ávila con Cáceres- se atisba el Valle, con los bancales que escalonan estas estribaciones de la Sierra de Gredos.  Algunos pueblos nacen en la carretera, a la vera del río, otros se yerguen en  la montaña y hay que acceder a ellos por serpenteantes vías secundarias. En cualquier dirección, el color del otoño de los robles, castaños y cerezos nos acompañará durante el viaje. Lo apreciaremos más si caminamos por cualquiera de las rutas que se abren en la montaña. Vale la pena la que sube a la reserva natural de la Garganta de los Infiernos. donde encontraremos pozas erosionadas a lo largo de los siglos por el agua que procede del deshielo, tan pulidas que parecen de mármol.

El otoño es símbolo de vida. La luz declinante y dorada de esta estación nos alerta del paso del tiempo, de que debemos aprovecharlo al máximo. El color matizado de los árboles nos recuerda que la vida no es unívoca, que existen muchas perspectivas, y que puede ser bella. Es lo que se encontrarán quienes viajen durante esta época al Valle del Jerte.

Cómo llegar:

Desde Madrid, hay que tomar la A-6 hasta Villacastín en sentido Ávila. Una vez allí tomar la Nacional 110 dirección Plasencia.

Texto: Javier Morales Ortiz, autor de la novela ‘Pequeñas biografías de encargo’.

 

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