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Sabemos que la crema protectora para el sol un básico estos meses, pero aún así no vale con aplicarla de cualquier manera. Para estar realmente protegidas frente a la radiación solar debemos respetar sus tiempos, cantidad e incluso áreas de aplicación.

Es frecuente ver a personas que nada más llegar a la playa se aplican el fotoprotector. ¡Esto es un error! Como mínimo, hay que ponerlo veinte minutos antes de bajar a la playa. Solo de esta forma garantizamos que los filtros que contiene el producto tienen tiempo de desplegar su eficacia. Si lo haces al llegar a la playa o la piscina, estarás 20 minutos prácticamente desprotegida.

Un buen truco es extender la crema en todo el cuerpo después de la ducha y antes de ponernos el traje de baño. Y es que a menudo dejamos piel expuesta por no manchar la tela del bañador, ¡y nos quemamos en esa franja de la piel!

Sé generosa con la cantidad aplicada. Más o menos necesitarás el tamaño de una nuez grande para rostro, cuello y escote, y otras seis para el resto del cuerpo. Si no aplicas una capa abundante, no obtendrás la protección que esperas.

Hay zonas de alto riesgo que a menudo no protegemos adecuadamente. En concreto, hombros, empeines, nuca, muñecas y orejas. Son los grandes olvidados y las quemaduras pueden derivar en problemas mayores. ¿Sabías que, según la escuela de San Francisco, un 80% de los nuevos cánceres de piel no melanoma que se detectan al año aparecen en las orejas? ¡Cuidado!

Aunque realmente un fotoprotector se puede usar indistintamente en cualquier área del cuerpo, a mí me gusta usar uno para rostro y otro para el resto del cuerpo, ya que las fórmulas de los primeros suelen ser más ligeras y a menudo contienen activos anti edad o de control de la hiperpigmentación que ofrecen beneficios extra a estas áreas tan frágiles. Incluso los hay específicos de zonas como el contorno de ojos.