Han tenido que pasar 18 años para enterarnos de que el matrimonio que todos creíamos idílico por excelencia, nunca fue lo que parecía. Sin embargo, Al Bano y Romina Power fueron los Romeo y Julieta de finales de los sesenta, y el tiempo ha demostrado que también con final trágico.
Romina, hija de Linda Christian y Tyrone Power, fallecido en Madrid en 1958, cuando rodaba Salomé y la reina de Saba, conoció a Al Bano en 1969. Él había llegado a Roma desde Brindisi, en el sur de Italia, con su guitarra y dispuesto a triunfar como cantante, y ella estudiaba y quería ser actriz de cine.
Se enamoraron nada más verse, y de la noche a la mañana se convirtieron en los novios de moda en Italia para disgusto de Linda, quien tenía grandes proyectos de cine para su hija y deseaba verla casada con alguien de mejor posición, de hecho, incluso se negó a conocer a Al Bano.
Pero el flechazo había sido tan certero que la pareja se casó en julio de 1970. Él tenía 21 años, ella aún no había cumplido 19... e Ylenia, primera de sus cuatro hijos, estaba en camino.
Un abismo entre ellos
Eran la viva imagen de la felicidad. Al Bano se convirtió en un cantante famoso dentro y fuera de Italia, pero Romina rechazó varias ofertas de cine y renunció a su sueño por amor: «No me arrepiento. Al Bano es muy celoso y no lo hubiera soportado», diría años después Romina, quien de todas formas triunfó formando dúo musical con su marido.
Tuvieron cuatro hijos: Ylenia (1970), Yari (1973), Cristel (1985) y Romina (1987), y su vida parecía perfecta... hasta la desaparición de Ylenia, el 6 de enero de 1994.
Según aseguró la policía de Nueva Orleans, donde ocurrió la tragedia, Ylenia se suicidó tirándose al río Misisipi, versión que Al Bano aceptó de inmediato, zanjando la cuestión, y que Romina jamás admitió.
La tragedia, y las diferentes maneras de reaccionar ante ella, abrieron un abismo insalvable entre la pareja, que acabó separándose en 1999. En aquellos días, parecía que la desaparición de Ylenia había degradado la relación del matrimonio hasta destruirlo, pero la reciente visita de Romina a Sálvame Deluxe, en Tele 5, ha revelado que la pareja era de todo menos idílica, y que si Romina aguantó tanto tiempo fue para no romper la felicidad de sus hijos: «Yo me callaba, y pensaba que quizás algún día pudiera salir de allí», explicó.
¿Nostalgia del pasado?
¿Nostalgia? Por favor... Si todavía hay dos pleitos en marcha. Nos separamos en el año 1999 y en 2005 fue el juicio por el divorcio. Cuando el juez le preguntó a Al Bano que qué quería darle a su mujer, o sea, a mí, él respondió: «Nada». Y el juez aún se lo está pensando. Además, teníamos una sociedad al 50% y, cuando nos separamos, Al Bano se quedó con mi parte, el fruto de mi trabajo durante 30 años, y a cambio me dio un piso.
¿Y los hijos?
Desde que nos separamos, solo un año he podido pasar la Navidad con mis hijos, y han pasado... Estoy convencida de que todo lo ha hecho por venganza.
¿Fue siempre así?
Cuando nos casamos, no me dejaba ver a mi madre, y tampoco quería que ella viniera a vernos... Creo que tenía algo de complejo de clase, por ser un chico humilde, del campo.
Y tú, aguantabas...
Claro, no es que fuera una mujer sumisa, es que intentaba mantener la paz en casa...Yo pensaba que nunca podría separarme de un hombre así… un dictador. Me sentía querida, a su manera, yo veía crecer a los hijos y no quería romper esa burbuja de perfección.
Y todos pensábamos que erais la pareja ideal...
Al principio era verdad, pero después empecé a ver pequeñas señales, y cada vez eran más.
¿Qué cosas le hacían enfadar?
Yo suelo olvidar las cosas malas, y tengo que recurrir a mis diarios para evocar cosas puntuales que me recuerdan mis amigos, como el día que Al Bano me dio una patada.
Así que, ¿sufrías maltrato?
No, maltratos graves no. No tengo cicatrices. Alguna bofetada... Es que lo suyo, más que amor, era posesión. Yo pensaba que jamás se enfadaría conmigo como lo hacía con otras personas, pero terminó haciéndolo. Es un hombre muy celoso, no podían mirarme, y si yo miraba a un joven en la calle, se enfadaba.
Estás siendo muy dura...
No es culpa mía, se lo ha ganado él mismo.
El recuerdo de Ylenia
Sin embargo, en realidad Romina no venía a hablar de su frustrado matrimonio con Al Bano, sino de la desaparición de Ylenia.
Tras muchos años de silencio, Romina ha confesado que, piensen lo que piensen los demás, ella está convencida de que Ylenia no murió en el Misisipi aquel 6 de enero de 1994, como aseguró la versión policial, y no pierde la esperanza de reencontrarse con ella.
¿Dónde crees que podría estar?
En cualquier sitio del mundo, tengo la certeza de que está viva y que fue raptada por alguna organización que le habrá lavado el cerebro, incluso puede que el Gobierno americano esté detrás, es mi suposición. Ella jamás se hubiera suicidado, amaba la vida. Sé que si le vuelve la memoria, podrá buscarme. Yo confío en reencontrarme con ella. Está viva, lo sé, está viva.
¿Es cierto que se llevaba muy mal con Al Bano?
Ylenia se peleaba mucho con su padre, tenía sus ideas y no se callaba nada. Se marchó a Francia a cuidar niños para no depender económicamente de él, y luego se fue a Inglaterra y entró en la universidad con sus propias ganancias. Al Bano quería que ella hiciera televisión, pero Ylenia lo odiaba, no quería ser famosa, era muy intelectual, muy inteligente. Sí, tenía completo rechazo hacia su padre, no quería saber nada de él.
¿Se siente Al Bano culpable?
Es posible, pero en lo que pasó no creo que influyera la mala relación padre-hija. Ylenia se alejó porque, tras una decepción amorosa en Londres, quería ver mundo, quería buscar inspiración para escribir, y en Nueva Orleans encontró su sitio. Como escritora, le fascinó esa ciudad, pero para mí olía fatal, era una ciudad horrible. No creo que vuelva allí jamás.
Según la policía, Ylenia, que había hecho amistad con un músico callejero negro, un saxofonista de 65 años llamado Alexander Masakela, se suicidó arrojándose al río Misisipi, pero tú nunca lo has creído.
Allí desaparecían cientos de chicas. Esa historia de la joven que se tiró al río se la inventaron, seguro. El hombre que dijo haberla visto contó una cosa a la policía y otra a mí. Así que, o se lo inventó o era otra chica, porque la descripción no se correspondía en absoluto con la de mi hija.
¿Recuerdas el momento en el que notificaron la desaparición de Ylenia?
El 6 de enero de 1994. Estábamos en Milán, llamó el cónsul italiano de Nueva Orleans y nos dijo que habían encontrado sus pertenencias en un hotel, pero ni rastro de ella. Para mí, fue como una raya que cortó mi vida en dos.
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