Enrique, tras la boda de Julio Iglesias. "Comparto la felicidad de mi padre"

Una de las parejas más consolidadas de la vida pública ha pasado por el altar, tras 20 años juntos. Julio Iglesias y Miranda se han dado el «sí, quiero» el 24 de agosto en la parroquia marbellí de la Virgen del Carmen, sin invitados ni amigos, para preservar el secreto, por lo que sólo asistieron doce personas, ningún familiar directo del cantante a excepción de sus cinco hijos pequeños.
Les casó el padre Luis de Lezama, que preside un imperio económico de restaurantes que factura 17 millones de euros al año, asistido por los sacerdotes Juan Mari Laboa y Roberto Rojo.
Testigos, sus empleados
Ejercieron de testigos sus empleados de confianza de la finca, en ausencia de adultos más allegados. No fue invitado ni tan siquiera Carlos Iglesias, hermano de Julio, que veraneaba en la zona, en la cercana Estepona, y sólo recibió una llamada de Julio, esa misma mañana: «Me caso dentro de media hora, vente esta noche a cenar».
Los otros dos hermanos del cantante, Jaime, de seis años, y Ruth, de tres, nacidos del matrimonio del doctor Iglesias y Ronna Keith, tampoco asistieron.
Mención especial merece la ausencia de los tres hijos que tuvo con Isabel Preysler. Chábeli, Julio y Enrique, no compartieron a su padre la feliz jornada, que remataron los novios y sus contados invitados con una celebración privada en la kilométrica finca (70 hectáreas, 30 que le compró a un jeque árabe y 40 de La Herrumbrosa, que le vendió el torero Curro Romero) de Julio Iglesias entre Ojén y Marbella. Por la tarde hubo misa de acción de gracias en la capilla de la finca y posteriormente se sirvió una cena.
Dado los comentarios que ha suscitado el visible distanciamiento del cantante con sus hijos mayores Julio se ha pronunciado: «Tenemos una relación independiente, algo lógico cuando los hijos crecen, también la tenía yo con mi padre. A Chábeli la veo con mucha frecuencia; con Julio, desde que es cantante, sólo hablo cada mes o dos meses. A Enrique, que va de una parte a otra por el mundo, le veo de vez en cuando».
Un contacto que no ha impedido, no obstante que tanto Chábeli como su nieto Alejandro, de ocho años, estuvieran excluidos de su boda, al igual que su hijo Julio, aunque ha pasado el verano en España.
Se ha intentado levantar una cortina de humo sobre la boda y el extremo secretismo en que se ha llevado a través de algunos amigos del cantante, como Fernando Ónega. El periodista estuvo invitado en la finca de Julio hasta dos días antes de la boda sin que le hicieran partícipe de la buena e inminente nueva, algo que el justificó por la improvisación y según relató en televisión, Julio había realizado los preparativos sin avisar a Miranda, que se encontró con la boda ya «montada».
Una versión, la de Ónega, que choca con la del oficiante, Luis de Lezema, amigo de los novios desde hace años. El cura vasco, que ejerce de párroco en un barrio de Madrid ha dicho: «En realidad preparábamos la boda desde hacía más de un año... Desde el bautizo de su último hijo, Guillermo. A los niños les he bautizado yo también en mi parroquia de Fuencarral. El día elegido fue lo de menos. Fuimos a la iglesia el martes por la mañana. Nadie los vio entrar. Fue tan sencillo como emocionante. Los niños siguieron la ceremonia muy atentos, el resto fue hermoso y mágico».
Por segunda vez
Se trata de la segunda boda del cantante, las dos por la Iglesia, ya que se casó con Isabel Preysler el 20 de enero de 1971 y con ella tuvo tres hijos: Chábeli, Julio José y Enrique. En 1978 se separaron y un año más tarde obtuvieron la nulidad.
Tras dos décadas en las que consolidó su fama de conquistador, en 1990 el cantante conoció en el aeropuerto de Yakarta (Indonesia) a la joven holandesa, que veinte años después terminó con su asediada y codiciada soltería: «Es excepcional, la mujer de mi vida», dice rotundo.
Le ha dado cinco hijos: Miguel Alejandro, que el 7 de septiembre cumple 13 años; Rodrigo, de 11; las gemelas Victoria y Cristina, de nueve años; y Guillermo, de tres.

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