Paul Auster, más personal que nunca

Paul Auster, en paralelo a sus novelas, ha ido publicando algunos textos en los que indaga desde ángulos diversos en su propia vida y en los procesos íntimos de su escritura. Esta nueva entrega de textos autobiográficos es el complemento perfecto del reciente Diario de invierno. Si en dicho volumen el arte y el envejecimiento tenían un papel central, ahora el foco se centra en la infancia y la primera juventud, en la construcción de la personalidad y en el origen primigenio del ímpetu de escribir, de profundizar en el mundo a través de las palabras.  

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‘Informe del interior’ es una suerte de rompecabezas compuesto por cuatro piezas independientes, que sumadas esbozan un retrato. En la primera Auster aborda su infancia hasta los doce años a través de una sucesión de viñetas: los dibujos animados que veía en la televisión, la huella que le dejó ‘La guerra de los mundos’, el sentido de culpa, las primeras lecturas –libros infantiles, después Poe y Sherlock Holmes–, el descubrimiento del peso de las palabras, la fascinación por los héroes americanos –Edison, ciertos jugadores de fútbol americano…–, el béisbol, los problemas de convivencia de sus padres, los amigos de la infancia, la Guerra Fría, el descubrimiento de la condición de judío, la primera vez que, con ocho años, se separa de sus padres para ir a un campamento de verano, las primeras historias que escribe, las novelas que va descubriendo, como ‘El doctor Zhivago’, ‘La ciudadela’ o ‘Mansiones verdes’, un primer amor infantil, una competición de lectura en el colegio en la que cada alumno apunta los libros leídos y él apunta tantos que el profesor cree que miente…

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