Naruhito de Japón celebra su 54 cumpleaños con su mujer, que aún no ha superado la depresión, y su hija

El príncipe Naruhito ha cumplido 54 años, un acontecimiento que ha celebrado en el palacio de Togu, en Tokio, con su familia. A su lado ha estado su mujer, la princesa Masako, quien sigue, después de varios años, luchando contra una depresión que no ha logrado superar, y la hija del matrimonio, la princesa Aiko. En las habituales imágenes de la familia real nipona aparece en esta ocasión, un simpático perro, que da un toque espontáneo a las instantáneas.

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masako

Otra estampa familiar, del matrimonio con su hija y su mascota.

El pasado mes de diciembre, Masako cumplía 50 años y agradecía el continuo apoyo mostrado por su marido, el príncipe heredero Naruhito, con quien contrajo matrimonio el 9 de junio de 1993, y con quien tiene una hija, la princesa Aiko, que cumplió 12 años el pasado 1 de diciembre. Por ser niña, sin embargo, Aiko ha sido relegada en la línea sucesoria en favor de su primo, el príncipe Hisahito, de siete años, único hijo varón (tiene dos hermanas, las princesas Mako y Kako) de los príncipes Akishino, hermano de Naruhito, y de su esposa, la princesa Kiko.

Como decimos, en diciembre manifestaba sus ganas de realizar una vida lo más normal posible: “He tratado de cumplir este año con mis deberes públicos y privados en la mayor medida posible, y continuaré esforzándome para lograr una recuperación total”, afirmaba Masako, que empezó a convertirse en la “princesa triste”, como hoy es conocida en Japón, en febrero de 2004, cuando la prensa nipona publicó que “las responsabilidades como princesa y madre, además de la presión por concebir un segundo hijo -que debe ser varón-, han provocado la depresión y el total agotamiento de la princesa Masako”, que incluso tuvo que ser hospitalizada por un herpes producido por el estrés.

La pasada primavera, hace ya casi un año, muchos creyeron que Masako había superado su depresión, o estaba a punto de conseguirlo, cuando asistió con su esposo, el príncipe Naruhito, a la ceremonia de investidura de los reyes Guillermo y Máxima de Holanda. De hecho, aquel fue su primer viaje oficial en casi once años, y aunque no era una prueba suficiente, como el tiempo demostró (semanas después no acompañó a su esposo en su visita de oficial a España), sí contribuyó a aumentar el optimismo de los japoneses por la recuperación de su princesa heredera.

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