Los príncipes de Kent, primos de la reina Isabel, también se aprietan el cinturón por la crisis

La prima política de la reina Isabel de Inglaterra reconoce que para ella también corren tiempos difíciles y que ha debido hacer ajustes en su economía por culpa de la crisis. Y eso incluye renunciar a algunos placeres, como el salir a cenar muy a menudo, o unas vacaciones de lujo… Bueno, casi, porque eso sí, si los trayectos en avión son muy largos en vez del una compañía low cost… viajan en club class.

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Ya lo decía la famosa telenovela de los años 80 Los ricos también lloran. Y a ellos también les afecta la crisis… Eso es al menos lo que aseguran la princesa María Cristina de Kent, casada con Michael de Kent, primo de la reina Isabel II.

La aristócrata, que acaba de publicar un nuevo libro, está en plena promoción y ha confesado a un diario británico que ella, como el resto de los ingleses, también ha tenido que apretarse el cinturón. «Hemos recortado muchísimos gastos. No podemos permitirnos el salir a cenar fuera, en un restaurante. Sólo lo hacemos si vamos a casa de alguien. Y cuando invito a la gente a mi casa, cocino yo», declaró a The Times. También cuenta que viaja en compañías aéreas de low cost… eso sí, solo cuando  viajan a Biarritz de sus vacaciones. Para los trayectos largos, sin embargo, no renuncian al club class.

En Gran Bretaña, María Cristina es conocida como Pushy Princess (la princesa prepotente) y no es precisamente uno de los miembros reales más queridos del país por su carácter, dicen, altivo. Y, desde luego confesar que se ha inyectado bótox y se ha sometido a un tratamiento especial de mesoterapia no le han ayudado a mejorar su popularidad.

los príncipes de kent sufren la crisis

A María Cristina la llaman en Gran Bretaña  Pushy Princess, la princesa prepotente.

Pero los príncipes de Kent siempre han tenido una situación económica cuanto menos delicada. Él llegó a anunciar vajillas en la televisión americana, se les relacionó con un empresario ruso de pasado polémico…

En 1981, como regalo de bodas a la pareja, la Reina Isabel II les ofreció uno de los apartamentos del palacio de Kensington, que constaba de diecisiete habitaciones, para que viviesen allí hasta que quisieran, pagando un alquiler simbólico que no llegaba a 400 euros al mes. Una medida que se modificó en 2002 cuando, ante la presión pública, los príncipes de Kent empezaron a pagar primero de 4.000 euros al año, y después de 150.000.

Y eso les obligo en 2006 a vender su fantástica casa de Nether Lypiatt, Gloucestershire, que compraron por 600.000 euros cuando se casaron y que vendieron, se dice, por siete millones de euros. Además,  tres años más tarde sacaron a subasta en la casa Christie’s de Londres unos 200 objetos de su colección familiar privada, incluyendo pinturas, tapices, muebles… con precios que ibas de los 270 a los más de 100.000 euros.

Con los ingresos extras compraron dos pisos a sus hijos en el exclusivo barrio londinense de Notting Hill y al parecer inviertieron el resto en valores seguros para obtener una renta con la que pagar el alquiler del apartamento.

los príncipes de kent sufren la crisis

El matrimonio vive en un apartamento de 17 habitaciones en el Palacio de Kensington.

El compromiso del príncipe Michael con Marie-Christine von Reibnitz (hija de un noble austríaco y de una condesa húngara)causó en su día un gran escándalo. Ella había estado casada (aunque su breve matrimonio con un banquero acabó anulado) y además era católica, con lo que él perdió cualquier derecho dinástico según la Ley de Sucesión al Trono de 1701.

Sin embargo, Curiosamente, sus dos hijos, lord Frederick y lady Gabriella Windsor, sí son herederos, en los puestos 38 y 39 en la línea de sucesión, porque profesan la religión anglicana.