Las dos caras de Charlene de Mónaco

Quienes la conocen aseguran que lejos de esa imagen distante que transmite, Charlene de Mónaco es una mujer cercana, segura de sí misma y que disfruta con la faceta menos pública se su papel de princesa. Su Alteza Serenísima es, en las distancias cortas, una mujer sencilla que prefiere el traje de baño a la alta costura.

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La verdad es que lo ha tenido difícil. La sombra de Grace Kelly es, más que alargada, muy profunda y, sobre todo, la que sí es alargada e intensa es la que le puede hacer su cuñada, Carolina de Mónaco, una de las reinas indiscutibles del glamour mundial, y una mujer con un sovoir faire que no conoce límites ni fronteras.

Por eso Charlene, una nadadora olímpica, que viene de un mundo completamente diferente al del glamour y las finanzas monegascas, se ha mostrado tímida, misteriosa y hasta fría y triste desde el mismo día de su boda, en julio de 2011, cuando saltaron las alarmas por una supuesta novia a la fuga, algo que ella misma acaba de desmentir en una entrevista, asegurando que se había ido con su familia a París a recoger unas cosas.

Boda de Alberto y Charlene de Mónaco

La pareja el día de su boda, el 2 de julio de 2011, cuando fueron a Santa Devota a depositar el ramo de novia.

Sean ciertos o no esos argumentos de Su Alteza Serenísima la princesa Charlene, lo que sí es cierto es que la imagen que transmite es de frialdad. Pero quienes la conocen aseguran que hay dos charlenes, la institucional y la mujer cercana, que disfruta con su trabajo en las fundaciones que preside y, sobre todo, cuando está en bañador, no con los trajes de alta costura que tiene que lucir, y que lleva perfectamente, todo sea dicho, en las distintos actos a los que tiene que acudir. 

La propia Charlene lo ha manifestado en más de una ocasión, que ella no nació princesa y que está aprendiendo a serlo. En un principio, la exnadadora no gozó del beneplácito de la clase millonaria que forma la sociedad monegasca. Pero, poco a poco, se los va ganando. Hemos charlado con alguno de sus miembros, que nos aseguran que en esas famosas distancias cortas los va conquistando. También poco a poco va encontrando su hueco en el mundo del glamour, fundamentalmente con la ayuda de firmas como Armani o Akris, que han logrado captar ese punto que ella quiere de elegancia y sobriedad, y, sobre todo, necesita, teniendo en cuenta que su físico de nadadora no le permite demasiadas concesiones a los excesos.

Curiosamente, en su ya más que amplio vestidor no hay diseños de Chanel, la firma emblema de la otra rama monegasca: Carolina y su hija Carlota, que son las máximas representantes de la maison francesa que dirige (creativamente hablando) su amigo Karl Lagerfeld. Charlene y Karl Lagerfeld, al menos por ahora, no navegan en el mismo barco. Algo normal, pues competir en la misma liga que Carolina es dar por perdido el partido antes de que comience.

Baile-de-la-Rosa

Charlene lo tiene difícil en la batalla de glamour del principado. Los Grimaldi en el último Baile de la Rosa, hace mes y medio, sacaron su artillería pesada. Sobre todo Carolina, que fue con su hijo menor, Pierre, y su novia, al aristócrata y periodista italiana Beatrice Borromeo. Lagerfeld rema con el equipo de Carolina.

Lo que sí está claro es que Charlene tiene que conquistar su puesto como Alteza Serenísima de un principado vive de las finanzas y de su imagen. Su cuñada, que es Alteza Real, pues no se ha divorciado de Ernesto de Hannover (los Hannover son una de las familias reales más importantes de Europa, entroncadas directamente, por ejemplo, con la reina Sofía o con Isabel II), es la segunda en la sucesión, y ha dejado su puesto a su hijo mayor, Andrea, recientemente casado con la millonaria Andrea Santo Domingo.

La rama Carolina tiene todos los ingredientes para triunfar: dinero (los Santo Domingo son una de las mayores fortunas de América), contactos (no hay que explicar el por qué), glamour y charme (algo que salta a la vista nada más ver a Carolina) y descendencia legítima (Andrea y Tatiana son padres de Sacha y acaban de casarse por la Iglesia, requisito indispensable para poder reinar en Mónaco, un principado católico. La boda civil se celebró el verano pasado en Mónaco. Charlene, sorprendentemente, no fue a la boda religiosa “por compromisos adquiridos anteriormente“, una disculpa que suena, cuando menos, extraña).

Charlene de Mónaco

Charlene, estupenda en Londres en una recepción en 2012 con motivo del Jubileo de Diamante de Isabel II.

Por ello Charlene, que sigue sin dar descencia legítima a Alberto, y que proclama su amor por él en todas sus declaraciones públicas,  debe convencer a todos con su lado menos conocido para poder conquistar a los monegascos y… al mundo.

 Charlene de Mónaco

Charlene disfruta con los actos humanitarios, como la entrega de regalos en Navidad a los niños necesitados.

Charlene de Mónaco

Pocas veces vemos a Charlene tan sonriente en público. Si quiere ganar la batalla del glamour y la cercanía a su cuñada Carolina, la Su Alteza Serenísima debe cautivar a los monegascos. Ella afirma que sigue aprendiendo a ser princesa. 

Charlene y Alberto de Mónaco

Con Alberto, en 2010, un año antes de su boda, en el Día Nacional de Mónaco, con un traje que deja en evidencia sus hombros de nadadora.