Kate Moss se defiende: “No fui anoréxica ni heroinómana”

La popular maniquí británica se ha pronunciado sobre su comentada adicción a las drogas duras y sus complejos en una autobiografía que se publicará en noviembre y tendrá ocho portadas diferentes, incluyendo fotografías inéditas y comentarios personales de la modelo. Al reconocido talento de la top londinense para posar, una de las virtudes más apreciadas de Kate Moss, hay que añadir la de su estudiado silencio para preservar en torno a su imagen un cierto halo de enigma que ella sabe rentabilizar como nadie. Excepto las entrevistas pactadas en sus millonarios contratos publicitarios con marcas como Topshop, Rimmel o Mango, la modelo se ha resistido siempre a hablar con los medios de comunicación, por lo que se ha generado una gran expectación en torno a este libro.

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La participación de Kate en esta biografía, Kate: The Kate Moss Book (Kate: el libro de Kate Moss) garantiza un resultado apto para fans de la top, que no encontrarán en esta obra de la editorial Rizzoli los numerosos escándalos y trapos sucios que se le adjudican y sí una espectacular retrospectiva gráfica sobre la brillante trayectoria de una de las maniquíes más carismáticas y admiradas de finales del s XX y principios del XXI.

El periódico británico Daily Mirror ha adelantado algunos pasajes en los que Kate se pronuncia sobre las acusaciones que la responsabilizaron de promover la anorexia y la adicción a las drogas, cuando tras haber sido sorprendida consumiendo droga,  entró en su época más oscura ya que muchas firmas cancelaron sus contratos con ella y parecía que su carrera estaba acabada.

De hecho, en los años 90 Moss se convirtió el prototipo de heroin chic y la  repercusión social de su imagen llegó hasta el extremo de que el propio presidente de los Estados Unidos, por aquel entonces Bill Clinton, se pronunciase sobre ella en 1993: “Si hubiera sido anoréxica o heroinómana, hubiera soltado un ¡oh!, pero no era nada de eso”, asegura ahora Moss.

La modelo británica, de 38 años, y su hija Lila Grace, de diez, durante sus últimas vacaciones familiares en la Costa Azul francesa.

Otra de las revelaciones que ha trascendido en su biografía está relacionada con la confesión abierta de sus complejos físicos en los inicios de su carrera, en 1988, cuando Kate tenía apenas 14 años: “De adolescente, odiaba mis pechos. Hacía cualquier cosa para no quitarme la camiseta. Lloré durante años”.

La modelo confirma también que su proverbial reticencia a pronunciarse en público nace de un consejo de su exnovio, el actor Johnny Depp: “Nunca hay que quejarse y nunca hay que dar explicaciones”. Precisamente este es el motivo de que la modelo haya renunciado a tener cuenta en Twitter: “No quiero que la gente sepa qué es verdad, eso es lo que mantiene el misterio”, ha asegurado sumándose a la más clásica de las teorías sobre el enigma que debe rodear a las estrellas. Un tópico de largo recorrido en el showbussines al que ella aporta su toque personal, como se refleja en sus recomendaciones a sus íntimos: “Tienes que hacer lo que yo. Unas veces ir a trabajar, otras llegar con resaca y otras ni aparecer. A la gente le encanta lo impredecible”.

Y esa gente, a la que ella procura sorprender, tendrá ahora otra perspectiva de aquella adolescente de aspecto frágil, apocado y algo vulgar que salió de su barrio de las afueras de Londres, del hogar de una camarera y un agente de viajes, irrumpiendo en el glamouroso mundo de las supertops para convertirse en el rostro emblemático del nuevo milenio y el más solicitado por las grandes marcas. Kate ha dedicado este libro, que promete ser un boom de ventas a su marido, Jamie Hince, y ha contado en la elaboración de su autobiografía con la colaboración de Jefferson Hack, el padre de su hija.

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