Isabel Pantoja, vestida para el banquillo

Estrella indiscutible de la canción española, Isabel Pantoja siempre ha cuidado al máximo sus apariciones públicas. Son antológicos sus cambios de vestidos en sus espectáculos y sus puestas en escena son la envidia de sus colegas que siempre han elogiado “la forma en la que pasea la bata de cola sobre el escenario”… Dicen que nadie como ella, que Isabel Pantoja se mueve con un duende incomparable. Sus incondicionales siguen todas y cada una de sus comparecencias públicas en la Audiencia de Málaga, donde está prestando declaración como imputada desde finales de junio. El proceso por blanqueo de capital, separado del caso Malaya, tendrá a Isabel como visitante asidua de las dependencias judiciales de la ciudad andaluza durante los próximos meses. Al igual que en sus espectáculos, Isabel procura no repetir indumentaria, aunque hay un hilo conductor común en los atuendos elegidos por la cantante para comparecer ante el juez: grandes gafas de sol, que se quita en el banquillo después de haber sido requerida en tal sentido por el magistrado en la primera vista; pulseras variadas y no muy importantes; algún colgante o broche con el que distraer las manos; y siempre un bolso voluminoso, pieza con la que componer la figura durante las declaraciones de otros imputados o las intervenciones de los letrados. Una botella de agua es su inseparable compañera en el banquillo.

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Isabel Pantoja se enfrenta a una petición fiscal de tres años y medio de prisión y multa de 3,6 millones de euros y Muñoz a otra de siete años y medio de cárcel y siete de inhabilitación por blanqueo de capitales continuado y cohecho pasivo y multas por un total de 7.466.000 euros. A Maite se la acusa, al igual que a Isabel, de blanqueo de capitales, y se le pide la misma pena que a la tonadillera y una multa de 2,6 millones de euros.

El blanco y el negro, clásicos y elegantes en la mezcla, fueron su segundo atuendo veraniego cuando comenzó la vista.

El fiscal mantiene que tanto Pantoja como Zaldívar eran “perfectamente conocedoras del origen ilícito” de los fondos y bienes que recibían de Julián Muñoz, y que ambas sabían “cuáles eran las fuentes de sus ingresos lícitos, así como su cuantía”.

El cuello protegido en los inicios del otoño y un bolso de piel labrada que ha repetido, cabellos recogidos dejando el rostro descubierto, fue variando su look.

La artista Isabel Pantoja fue detenida en mayo de 2007 en su vivienda Mi gitana, de la urbanización Lapera, en Marbella y abonó una fianza de 90.000 euros para eludir la prisión. Era el comienzo de un proceso que la tiene como protagonista en la apertura de los informativos un día tras otro.

Los chales y echarpes, inseparables compañeros en sus visitas a la Audiencia desde comienzos de un octubre que arrancó con temperaturas templadas. 

Cuando su hijo Kiko está a punto de hacerla abuela, acontecimiento que está suponiendo para ella una inyección de optimismo en tan difíciles momentos, Isabel tiene que continuar compareciendo ante el juez, siempre escoltada por sus abogados, en quienes se suele apoyar, hasta físicamente a la llegada y la salida de la sala judicial.

Cuando busca el contraste en la ropa, es bastante marcado, cremas o blancos/negros o azules y blusa, eso sí, conjuntada con el chal.

Los pantalones son el básico de su indumentaria judicial, posiblemente para disimular lo mucho que ha adelgazado en los últimos tiempos. Al parecer, la cantante trianera ha perdido el apetito, tiene dificultad para conciliar el sueño y está extremadamente preocupada por los últimos acontecimientos, lo que ha provocado notable inquietud entre sus más allegados.

Es frecuente que Isabel, que no renuncia a su coquetería, haga un guiño a las estaciones y a mediados de octubre escogió colores cálidos y otoñales.

El primer momento de alta tensión llegó cuando tuvo que prestar declaración ante el juez, lo que hizo respondiendo exclusivamente a las preguntas formuladas por su abogado y el ministerio fiscal. Después de aquella delicada situación, en la que aseguró públicamente que era ella quién mantenía a Julián Muñoz mientras que duró su relación sentimental, la cantante se ha relajado bastante.

Según avanzaba octubre, el azul se abría paso en su guardarropa para la Audiencia Nacional, donde continúa yendo con una sonrisa en los labios.

Prosiguen las declaraciones de los imputados y algún testigo propuesto a última hora que podría tener bastante relevancia en la marcha de la vista, según se ha comentado. Declaraciones, supuestos, especulaciones… no hay lugar para la tranquilidad mientras que el proceso esté vivo y ella siga como imputada. Esta situación se trasluce tanto en los gestos de la cantante como en algunas de sus reacciones en péndulo: tan pronto procura ocultar el rostro como sonríe y saluda a su alrededor. Sin duda, está muy afectada.

El ritual incluye los complementos, diferentes y significativos en cada ocasión, como podemos apreciar en ambas muñecas de la cantante.

Sus incondicionales y sus detractores aguardan con inusitado interés el resultado de este juicio a Isabel Pantoja, que tras haber tenido una vida intensa en emociones, está viviendo amargos momentos, tras su relación con Julián Muñoz.

La bajada de las temperaturas generalizadas en toda España y la llegada del frío en noviembre ha tenido reflejo inmediato en la imagen de Isabel.

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