Felipe de Bélgica viaja a Australia, lejos de la polémica por su supuesto romance con un hombre

El príncipe heredero belga viajó sin su familia a Australia, donde se encargó de fortalecer las relaciones bilaterales con su país. Su esposa, la princesa Matilde, y sus cuatro hijos, se quedaron en su residencia del palacio de Laeken. Mientras tanto, siguen los comentarios por el libro de un periodista en el que afirma que Felipe mantuvo una relación de juventud con un conde. Felipe de Bélgica cumplió a la perfección con su papel institucional representando a su país en Australia, donde visitó varias ciudades y se encontró con empresarios, científicos y otras autoridades. Durante su estancia en Canberra recorrió el Memorial de Guerra de Australia y leyó con respetuosa emoción los nombres de los soldados caídos grabados en un muro de honor. De esta manera, Felipe se alejaba de la polémica en su país natal, donde el periodista belga  Fréderic Deborsu acaba de publicar el libro Question(s) royale(s) (Cuestiones reales), en el que sugiere la “relación especial” del heredero con un hombre, al que ha identificado con nombre y apellidos como el conde Thomas de Marchant. Además, el escritor califica al príncipe como “l´enfant triste” (el niño triste) de la realeza y que su frustración se debe “a su matrimonio forzado con la princesa Matilde”. Al parecer, su padre, el rey Alberto, se opuso a ese romance homosexual y le amenazó con apearle del trono si no lo finalizaba y se casaba lo antes posible.  

1.584
Compartir

Felipe, a quien no se le habían conocido novias, al fin se contrajo matrimonio con la noble belga Matilde d’Udekem en 1999 y tienen cuatro hijos: Elisabeth, de once años; Gabriel, de nueve; Emmanuel, de siete; y Eleonora, de cuatro.

Todas estas revelaciones han caído como un jarro de agua fría en el seno de la Familia Real belga , que las ha calificado de “injurias” y además piensa iniciar las medidas legales oportunas contra el autor del libro.

Felipe-Belgica-Australia2

El príncipe belga, con las autoridades recorriendo el Memorial de Guerra de Australia.

 

Compartir
Artículo anteriorLa agotadora agenda de Mary Donaldson
Artículo siguienteMariló Montero y Concha García Campoy, amigas en Madrid