El príncipe Carlos se despide de Nueva Zelanda a ritmo de rock

El Príncipe Carlos y su esposa, la duquesa de Cornualles, finalizaron en Christchurch, Nueva Zelanda, el largo y agotador viaje de 13 días que han realizado por Papúa Nueva Guinea, Australia y Nueva Zelanda, como parte de las celebraciones del Jubileo de Diamante de la reina Isabel II. Carlos de Inglaterra y su esposa, Camilla, duquesa de Cornualles, regresan hoy a Londres después de haber disfrutado de un inolvidable viaje cargado de anécdotas, sorpresas y encuentros, y en el que han podido sentir muy de cerca las constantes muestras de cariño recibidas en cada uno de los rincones por los que han pasado.

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Para el príncipe Carlos, que cumplió 64 años el día de su llegada a Wellington, ninguna de las exóticas etapas del recorrido era desconocida, de hecho, ya estuvo en Papua Nueva Guinea en 1984, y en 2005 realizó un viaje oficial en solitario a Australia y Nueva Zelanda. Peo para la duquesa de Cornualles, eran destinos todavía por descubrir, y el heredero británico estuvo encantado de tener la oportunidad de presentar a su esposa en los tres países por primera vez.

LAS FOTOS DEL CUMPLEAÑOS DEL PRÍNCIPE CARLOS EN NUEVA ZELANDA

Como despedida, nada mejor que una demostración de rock ‘n’ roll en pleno centro de Christchurch, que todavía lucha por salir adelante tras el terrible terremoto que asoló la ciudad en junio de 2011. Espontáneo y más abierto que nunca (dicen que su carácter mejoró ostensiblemente tras su boda con Camilla Parker-Bowles, la verdadera mujer de su vida, en abril de 2005), el príncipe Carlos no dudó en aceptar la invitación de la rubia Lisa Shannon, con la que dio una clase magistral de buen rock para alborozo de todos los presentes. A Camilla, por su parte, la sacó a bailar Sam Johnson, héroe local tras su actuación como voluntario en los días posteriores al citado terremoto, y aunque menos suelta y más tímida que su marido, también supo arrancar los aplausos del público.

Carlos de Inglaterra dio una lección magistral de buen rock.

Desde su boda con Camilla Parker-Bowles, en abril de 2005, el heredero británico muestra un carácter más abierto, como se comprobó en Christchurch.

Fue, en definitiva, una especie de fin de fiesta para la larga gira del príncipe Carlos y la duquesa de Cornualles, que dejan en Oceanía buenos amigos, muchos reconocimientos y grandes simpatías, y que emprendieron el regreso a Inglaterra con la promesa de volver en un futuro no muy lejano.

 

También la duquesa de Cornualles se animó a bailar, en su caso, con el joven Sam Johnson, una especie de héroe local tras su actuación como voluntario tras el terrible terremoto que asoló la ciudad en 2011.