Fran Álvarez, el ataque no gratuito a Belén Esteban

Fran Álvarez, el ataque no gratuito a Belén Esteban

El pasado siempre vuelve. Es como una enfermedad insidiosa, como Terminator, que aunque lo machaques siempre queda una lucecita roja. Fran Álvarez ha vuelto para quedarse.

Fran Álvarez llevaba mucho tiempo apartado de los medios, pero ha acabado ‘rompiendo el silencio’, expresión que da título a un maravilloso disco de Remedios Amaya que os recomiendo.

Belén Esteban ha hablado siempre sobre sus problemas del pasado con eufemismos, ‘mi enfermedad’, mientras que su ex-marido le ha puesto todas las letras. Para qué andarse sin rodeos: si uno no remueve la mierda no se abre la caja registradora.

Hace muchos años fuimos un grupo de personas a ‘El rascacielos’ a ver a Fran Álvarez, que trabajaba con diligencia en su bar. Rodeado de ‘obreretes’, como les denominó en su día Alessandro Lequio (otro que tampoco se anda con paños calientes para hablar de la princesa del pueblo). Con un sonido atronador como banda sonora por las obras que estaban en frente, nos sentamos una mesa expectantes a que apareciera el que entonces era el camarero más famoso de España.

La relación de Fran y Belén fue de todo menos plácida, aunque intentaron seguir juntos una y otra vez.

Como no éramos clientes habituales, a Fran se le notaba nervioso, porque se olía que los que estábamos allí no era por sus lentejas y una merluza bajo cuya guarnición, unas hojas de lechuga, me salió a dar un paseo una especie de cucaracha alargada. Muy diligente, él mismo me trajo otro plato y me pidió mil disculpas.

Fran Álvarez tenía muchos problemas que todos conocíamos, pero que no podíamos publicar, que acaba de reconocer él mismo, pero a la vez ha tirado de la manta y ha metido su dedo untado en vinagre en una llaga que Belén Esteban quiere cerrar de una vez por todas.

Creo que lo mejor en estos casos es guardar silencio, no hacer aprecio, pretender que no existiera, para que tu rival se diluya, se encuentre en un conjunto vacío que le impida reincidir.

Fran y Belén no tuvieron una ruptura amistosa, aunque también tuvieron momentos de gran felicidad en su convulsa relación.

Fran Álvarez tiene todo su derecho a contar su vida, en la que estaba Belén, como hace ella desde hace décadas, salpicando a los colaterales, quienes, a su vez, también rentabilizan una popularidad que se basa más en los conflictos que en las tardes de gloria en las plazas.

No sé si es bueno para Fran, que dice estar en el camino de la rehabilitación, poner los cañones de luz hacia su persona, si se arrepiente de haber largado desde una supuesta apacibilidad que igual no lo es tanto.

Mi experiencia es que cuando vuelvo sobre las cosas que me han hecho daño en el pasado, aunque sea con serenidad, acabo escaldado. Es más, me rodea gente a la que el rencor le impide avanzar, le enfanga su vida cotidiana y le estropea los disfrutes pequeños y grandes que nuestro día a día nos ofrece.

Ojalá Fran se recupere, sea un hombre de provecho y realice los sueños que tenía antes de que se convirtiera en un Jack Lemmon (el inolvidable borracho que arruina la vida de Lee Remick en ‘Días de vino y rosas) de barrio y estuviera a punto de caer por un precipicio existencial.

Fran Álvarez, el ataque no gratuito a Belén Esteban

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