Felipe y Letizia: luces y sombras de tres años de reinado

Felipe y Letizia: luces y sombras de tres años de reinado

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Se cumplen tres años de la proclamación del rey Felipe y, aunque no me gustan los balances, voy a hacer el mío, sin usurpar el lugar de mi compañera Olga Pérez, que se encarga de analizar los estilismos de la reina cada vez que sale a la calle en El vestidor de Letizia. 

Felipe y Letizia han estado sometidos a un escrutinio público tal que podríamos decir que su vida está bajo un microscopio social que no cesa.
Felipe y Letizia han estado sometidos a un escrutinio público tal que podríamos decir que su vida está bajo un microscopio social que no cesa.

Tres años dan para mucho y más en la vida de unos reyes, que están tan vinculados a la evolución política, social y económica de un país. De hecho su valoración, al margen de lo que hagan, está muy mediatizada por circunstancias ajenas a su voluntad.

Cuando Felipe y Letizia se casaron en un día con una lluvia más pertinaz que la de la actuación de Ruth Lorenzo en Eurovisión, tenían todo de cara. España iba bien y nada hacía presagiar que una crisis económica iba a hacer saltar por los aires nuestras convicciones y a construir unos valores nuevos porque, pase lo que pase, estamos programados genéticamente para sobrevivir.

Me gustaría ver más imágenes como esta de una reina espontánea y natural. Tengo la sensación de que no es todo lo espontánea que podría ser.
Me gustaría ver más imágenes como esta de una reina espontánea y natural. Tengo la sensación de que no es todo lo espontánea que podría ser.

No voy a incidir aquí en la infanta Cristina porque es un tema que me aburre e incluso me crispa y ya sabéis que yo tengo un ‘corazón contento’, tampoco en la cuestionada vida privada del rey emérito, que se lo sigue pasando pipa pese a sus limitaciones físicas, ni en otros episodios que son más propios de la crónica política que lo que aquí nos ocupa.

A mí lo que me interesa es lo que llaman la pulsión social, cómo son percibidos los reyes por la gente que me rodea, que es mucha. Comparto con la reina profesión y si ella lee estas líneas entenderá que todo el mundo me pregunta por ella, porque creen que sé más de lo que sé. Que no es nada. O casi.

He hablado con ella dos veces, apenas unos minutos, en la entrega de un Garbanzo de Plata, al que acudió minifaldera, y en una recepción que ofreció a SEMANA por el 75 aniversario. Y como lo que pasa en palacio, se queda en palacio,  no puedo contar nada de ese día.

La muerte de su hermana nos mostró a una Letizia destrozada. No era para menos. Son acontecimientos que marcan de por vida.
La muerte de su hermana nos mostró a una Letizia destrozada. No era para menos. Son acontecimientos que marcan de por vida.

Lo que sí puedo decir es lo insidiosa que es a veces la gente, ávida de leyendas urbanas, rumores o comentarios que no están basados más que en la intuición maliciosa. Estoy harto de responder que ‘solo sé que no se´nada’ o como se dice en los juicios o en las comisiones de investigación, ‘no me consta’.

Ya se sabe que ni aunque fuéramos el protagonista de ‘La ventana indiscreta’ poco podemos aportar más allá de la verdad oficial, de los actos a los que acuden Felipe y Letizia, cuatro anecdotillas para rellenar una crónica y poco más.

No descubro la pólvora si añado que las noticias malas corren como la pólvora y que las buenas se suelen quedar atoradas en el pecho si eres envidioso o no te alegras del bien ajeno. Así que tendré que asumir que mientras me siga dedicando a esto me seguirán preguntando o incluso contando cosas más propias de una novela que de la realidad.

La infanta Cristina ha sido una sombra muy alargada en estos tres años de reinado de Felipe VI.
La infanta Cristina ha sido una sombra muy alargada en estos tres años de reinado de Felipe VI.

El único aporte que puedo hacer y, advierto, es opinión, es que me encantaría que Felipe y Letizia fueran más espontáneos, que su agenda no fuera tan protocolaria y que nos hicieran llegar información sobre su vida cotidiana como hacen otras casas reales europeas, que tienen a sus fotógrafos de cabecera o a sus propias princesas o reinas trabajando a tope para compartir con nosotros instantáneas que sirvieran para apuntalar el cariño por la institución. Sobre todo en estos tiempos en los que una importante parte de la ciudadanía está muy descreída y distante de lo que no sea conseguir llegar a fin de mes y llenar la nevera.

Por último y no por ello menos importante, quiero acabar defendiendo a Letizia como hago siempre con Penélope Cruz, dos mujeres que cierto público critican con dureza cuando tienen motivos más que fundados para, cuanto menos, admirar su capacidad de trabajo y su afán de perfección.

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