Budapest, una ciudad para volver…

La capital de Hungría es una ciudad con un punto decadente encantador, con un pie puesto en el pasado y otro en el futuro, y marcada por el río Danubio, que la divide entre Buda y Pest. Una separación que rompe el célebre Puente de las Cadenas, que puedes atravesar a pie, aunque también puedes acceder a Buda en funicular.

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El parlamento es uno de los edificios más espectaculares de la ciudad.

En mi tercera visita a Budapest en cinco años he tenido la oportunidad de reencontrarme con rincones que ya conocía y otros que aún no había descubierto. La capital de Hungría es una ciudad que se mueve, que se adapta a la velocidad de crucero de la vida y que deja atrás los tiempos dictatoriales y de opresión, que han dejado huella en su población, que, bajo mi punto de vista, es tal vez algo distante, pero muy educada en general.

El Gran Hotel Iberostar es el lugar perfecto para hospedarte.

En la actualidad, Budapest es un enclave cosmopolita al que acuden con frecuencia numerosas estrellas de Hollywood (Angelina Jolie y Brad Pitt se compraron una casa allí hace un par de años). El hecho de que los precios sean más bajos que en otras capitales europeas han convertido a la ciudad en un plató internacional de cine (entre sus calles se han rodado películas como Munich de Steven Spielberg, Evita de Alan Parker o Cyrano de Bergerac de Jean Paul Rappenau.

Este mismo fin de semana presenciamos durante un paseo casual el rodaje de  un spot y nos enteramos de que Jeremy Irons, que rueda allí la serie de televisión Los Borgia, deambula por las calles con total naturalidad, totalmente inadvertido, y que a veces va a comer o a cenar al restaurante Pierrot, donde un pianista entrado en años toca a ritmo endiablado temas de Edif Piaf, Charles Aznavour o Armando Manzanero sin dejarse distraer por una clientela divertida que, aunque se viste de gala para disfrutar de la noche de la ciudad, hace ruidosos brindis propios de una boda celebrada en cualquier pueblo de España.

Quienes acudan por primera vez a Budapest tienen que ir a visitar los lugares más turísticos, que lo son por mérito propio.. No se pueden perder el castillo de Buda, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y hacer desde allí una fotografía panorámica del otro lado del río, de Pest, con un majestuoso parlamento que destaca, un poco arrogante, en el skyline de la ciudad.

Los mitómanos tienen también una cita en la iglesa de Mátyás, donde fue coronada Sissi Emperatriz, y los amantes de la literatura pueden hacer la ruta de Sándor Marai, uno de sus escritores más célebres y descubrir los lugares que frecuentaba o en los que están ambientados algunas de sus novelas como La mujer justa o Divorcio en Buda.

La denominada perla del Danubio es conocida también por sus balnearios, de los que destacan dos, los baños Gellért, muy famosos en España por haber servido de escenario para un conocido anuncio de yogures con cuerpos de infarto, y Széchenyi, que a mí me retrotrajo a los tiempos de La montaña mágica de Thomas Mann. Inaugurado en 1913, cuenta con 15 piscinas, tres de ellas al aire libre, y dispone de un excelente equipo de fisioterapeutas que en 20 minutos te dejarán cono nuevo…

En esta ocasión no tuve tiempo de ir a la Ópera, pero no dejéis de acudir a una representación, porque cuentan con una programación de altísimo nivel y la mera visita a este templo de la lírica te hará sentir, si no es un género que te guste o domines, como Julia Roberts con sus binoculares en Pretty Woman

Como mi visita fue relámpago, tampoco pude ir de compras, pero te recomiendo que te des un paseo por la avenida Andráassy, donde se encuentran las tiendas más sofisticadas y elitistas, aunque también puedes ir a la calle Váci, que corre paralela al Danubio y es el auténtico epicéntrico turístico y comercial de la ciudad. 

Por último, una recomendación más: el Grand Hotel Iberostar, perfecto para darte un fin de semana de lujo a un precio razonable. A un paso del puente de las Cadenas, es el centro de operaciones ideal para que te mueves entre los puntos más interesantes de la ciudad incluso sin recurrir al transporte público o a un taxi (te recomendamos que cierres el precio antes de subir).

En definitiva, Budapest una ciudad para soñar, para una escapada romántica o para disfrutar de su cada vez más intensa vida nocturna.

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