Belén Ordóñez, una vida marcada por la tragedia

La menor de las dos hijas del recordado torero Antonio Ordóñez, Belén, falleció la noche del 2 de agosto a los 56 años de edad en la clínica madrileña Puerta de Hierro tras una larga enfermedad. En marzo de este año Belén ya había sido ingresada en el hospital a causa de su enfisema pulmonar, una enfermedad crónica que padecía desde hacía tiempo. La hermana de Carmen Ordóñez nos deja ocho años después de que ella lo hiciera el 23 de julio de 2004. 

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Era la menor de las dos hermanas Ordóñez-Dominguín, trece meses más joven que Carmen. Con caracteres diferentes, tuvieron vidas paralelas y estuvieron muy unidas.

Sin Carmen, Belén se quedó perdida en un tiempo de declive y ausencias desgarradoras: la de su madre, el pilar de la familia, Carmina Dominguín, en 1984, tras luchar más de una década contra el cáncer; la de su gran amor, el padre de su hija, Francisco Ruiz Wagner, sólo un año más tarde, también de cáncer; su padre, su mentor y siempre protector Antonio Ordóñez, en 1998; la de Carmen, en 2004… Esa fue la ausencia que nunca superó y la sumió en una profunda depresión.

Francisco Rivera, de 38 años, y Lourdes, de 28, estuvieron en la capilla ardiente de la tía materna del torero.

En el tanatorio de Tres Cantos, en Madrid, le dieron su último adiós algunos de sus allegados, como sus tres sobrinos Francisco y Cayetano Rivera, y Julián Contreras, a quienes Belén llamaba “mis niños”. Allí se instaló la capilla ardiente durante todo el día y se incineraron sus restos mortales a las 12 de la noche del día 3 de agosto.

Cayetano Rivera, de 35 años, y su novia, Eva González, de 31, fueron los primeros en llegar al tanatorio.

Belén fue incinerada, como también lo fueron sus padres y su hermana Carmen. Las cenizas de la menor de las Ordóñez-Dominguín fueron depositadas en el panteón de los Dominguín, donde ya reposan las de su madre. Las del maestro de Ronda, Antonio Ordóñez, fueron enterradas en la arena del bicentenario coso rondeño; y las de Carmen, esparcidas en la aldea de El Rocío.

Julián Contreras, de 26 años, el menor de los hijos de Carmen Ordóñez, con su padre, de 52.

Aunque se conocía su delicado estado, a todos sorprendió la muerte de Belén, a la que encontraron de madrugada en su habitación de la residencia donde recibía cuidados paliativos, conectada a una máquina de oxígeno. Belén había pedido algo de comer ya muy entrada la noche y poco después se quedó dormida y no despertó: “Ha sido una muerte dulce”, dijeron … Tras una vida llena de sinsabores y pérdidas que no fue capaz de superar.

Belencita, de 29 años, es la única hija de Belén, fruto de su relación con Francisco Ruiz Wagner, el hombre de su vida.

Cuando murió Belén Ordóñez su hija se encontraba en Bilbao, iniciando sus vacaciones. La víspera, madre e hija se vieron, cuando Belencita fue a la residencia a despedirse de ella. La joven no fue a la capilla ardiente, ni tuvo presencia de ánimo para asistir a la incineración. Belén es todo el referente paternal de la joven, que se quedó huérfana de padre con ocho meses, pues Francisco Ruiz Wagner, a quien Belén llamaba familiarmente Curro, falleció de cáncer linfático a los 25 años y cuando llevaba tres de relación sentimental con la menor de las hermanas Ordóñez, que quedó marcada también por esta tragedia.

 

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