Anne Igartiburu: “Ya no tengo que demostrar nada”

Anne Igartiburu: “Ya no tengo que demostrar nada”

Tras 25 años en antena, Anne es una de las presentadoras más queridas de la televisión. Veinte de ellos, al frente de Corazón, en TVE. El suyo, late al ritmo de la batuta del director de orquesta Pablo Heras-Casado. Feliz al lado de su marido y sus hijos, Igartiburu sólo pide más tiempo libre para disfrutar de su familia y sueña con que se les dé más poder a las mujeres.

Anne, ¿cómo recuerdas tu infancia?
Yo era la hija de la maestra, algo que marca mucho. Era la mayor de dos hermanos aunque ahora tengo otros dos de la segunda pareja de mi padre. Siempre he sido muy responsable, de cumplir con lo que se me pedía. Estaba metida en mil cosas culturales en el pueblo: en el coro, en danzas regionales, en atletismo, me metía en todos los saraos…

¿Trabajar en televisión era uno de tus objetivos?
No. Creo que es una de las claves de mi vida, que la he tenido como un disfrute puntual que se ha extendido en casi 25 años. A mí me gustaban mucho los idiomas, la literatura .Yo era una chica alta para esa época, rubia, despuntaba un poco porque hacía deporte y entonces hacía alguna cosa de moda. En fin, cosillas de niña de 18 años. Estaba estudiando en EE.UU y cuando llegué de estudiar COU con mi beca, mi madre me matriculó en Filología. Me saqué los tres primeros años pero no terminé la carrera. Pasé a empresariales y de allí a la tele por casualidad.

¿Cómo fue?
Estudié Gestión Empresarial y estaba trabajando en una empresa en la que hacía labores de producción y de promoción y nos pidieron echar una mano en la tele y radio local. Yo ya había hecho radio de pequeña porque me encantaba la música y me animaron a participar más activamente en esa tele local. Un directivo de la cadena autonómica ETB me vio y esa cinta llegó a Telecinco. Me hicieron unas pruebas y me puse a hacer galas con 25 años.

Una de tus cartas de presentación fue que hablas muchos idiomas.
Hablo inglés, francés, italiano, euskera y castellano. Piensa que en Euskadi, ya hablamos el castellano y el euskera. Yo tenía facilidad para los idiomas, viajaba mucho con mis padres y ellos hablaban inglés y francés. Así que estaba acostumbrada a escuchar otros idiomas. También es una suerte que tenga buen oído.

Has recogido muchísimos premios como el Ondas o el del FesTVal de Vitoria. ¿Cuál es tu secreto?
Me he apoyado en la gente que tenía cerca y que te enseña mucho. Eso se lo escuché a Emilio Aragón y es una clave muy importante: rodearte de gente que sabe mucho. Es una suerte seguir trabajando y aprendiendo. Soy muy consciente de que hay un momento en el que te puedes ir tú o que simplemente dejen de contar contigo.

¿El éxito nunca ha hecho que se te vaya la cabeza?
(Risas) Te cambian cosas pero lo bueno del éxito me ha llegado ahora. Una etapa en la que estoy relajada, en la que no tengo que demostrar nada. Ha habido rachas de mucho trabajo, de viajar mucho y en las que he tenido muchas dudas pero ahora estoy tranquila, sin tener que demostrar nada.

El programa que presentas, Corazón ha cumplido 20 años. ¿Qué supone para ti?
Supone todo. Hace muchos años, yo misma pensaba que hacer crónica social no era algo importante pero me he dado cuenta de que interesa mucho y está muy bien. Hay muchas formas de hacer crónica social y todos tienen audiencia. Yo me he conciliado con esa parte. Ahora estoy convencida de que lo que hago vale mucho y la gente por la que doy la cara se merece un respeto honesto. Hacer crónica social no es fácil.

Tienes a muchos enamorados de tu dulzura. ¿A ti qué te enamora?
De un hombre, me enamora su intelecto. Físicamente no he tenido flechazos. Me gustan mucho las personas guapas, la belleza en general. Pero si es muy bello y no me aporta nada, seguro que no tiene nada que hacer

Y tu marido, además de música, ¿qué te ha dado?
Lo tendrías que conocer. Su generosidad en todos los aspectos de la vida le hacen un ser humano especial. Es una persona generosa en las emociones, en su humildad y en su capacidad de trabajo. Se entrega a lo que hace hasta los límites del cansancio físico. Trabaja como una bestia porque es lo que tienen los artistas. Para mí necesario en mi vida. Sólo tengo que mirar a sus padres y a su familia para entender por qué él es así. Y también al mirar a mis hijos entiendo por qué él está donde está.

¿Y él entiende que por tu profesión os puedan hacer una foto?
Sí. Los inicios no son fáciles porque, al principio, le tienes que explicar que te tiene que dejar en un portal dos calles más arriba para luego tú seguir andando sola. Pero me alegro mucho de ver que está a mi lado después de todo.

Tú perdiste a tu madre en un trágico accidente de helicóptero cuando estaba de voluntaria en un grupo de rescate de montaña y tú sólo tenías 16 años. ¿Se puede superar algo así?
No. Además no se debería olvidar. Nunca dejo de pensar en mi madre. Yo era muy joven pero sigo preguntándome qué pensaría ella o qué haría en determinadas situaciones. En una situación así, en la que la pérdida es tan trágica, hace que te marque en la adolescencia. A la hora de tomar decisiones importantes, siempre te acuerdas de ella. Las madres marcan.

Hace algo más de un año has sido mamá de nuevo, pero anteriormente ya tenías dos hijas. ¿Siempre tuviste muy claro que querías ser madre?
Sí, es algo que siempre he tenido clarísimo. He sido madre soltera hasta que he encontrado a una persona con la que compartir esa maternidad en pareja e invito a todo el mundo que quiera ser madre o padre que vaya a por ello, porque es una experiencia súper bonita

¿Y cómo eres como madre?
Muy organizada logísticamente. Estoy en constante crecimiento como madre. Descubro el mundo a través de los ojos de mis hijos y estoy muy atenta a lo que puedo aprender de ellos. Al final, ellos también son nuestro espejo. Les miro y me identifico porque ceo en ellos cosas de mí que me gustan y otras que no. Es un ejercicio que está muy bien. Ten en cuenta que yo también tengo la circunstancia de haber sido madre soltera y de que mis hijas han venido de diferentes países. Intento inculcarles lo que mis padres me enseñaron. Nuestros valores es lo mejor que heredamos de nuestros padres. Yo aprendí de ellos el amor por el arte, la cultura, la familia, por los demás, ser considerados…

Si tus hijos quisieran seguir tus pasos, ¿te haría gracia?
No lo sé, la verdad. Que hagan lo que quieran, que sean felices y lean mucho. Si lo dices por si es un mundo sacrificado, te diré que para mí sacrificado es levantarse a las 5 de la mañana, trabajar 10 horas al día con un sueldo límite y no saber qué va a ser de tus hijos. Eso sí es duro.

Pareces perfecta pero seguro que tienes defectos.
Claro que sí: tengo mala leche. Cuando la gente da por hecho las cosas, me da rabia, cuando alguien se porta mal con otro me hierve por dentro. Esas cosas me hacen sacar la cascarrabias que llevo dentro.

¿En qué te gusta emplear tus ratos libres?
Me encanta correr y a Bikram Yoga. Pero vuelvo de la tele, las niñas llegan del cole y tienen deberes y merienda, el baño del pequeño… Realmente si tengo tiempo libre, me gusta irme con Pablo. Nos encanta estar juntos. Además, tengo la suerte de poder ir a Londres a escuchar la Royal Philharmonic Orchestra, que a mí me enriquece mucho.

¿Te queda algún sueño profesional por cumplir?
Siempre me quedan ganas de hacer cosas. Los realities que tiene que ver con familias, pareja, conciliación, etc, me encantan. En la formación que he hecho como coaching es lo que más trabajo.

¿Qué le pides al futuro?
Más poder para las mujeres. Creo mucho en la capacidad de las mujeres para todo. Desde gobernar hasta poner un poco de coherencia en este mundo.